lunes, 31 de diciembre de 2012

You make my days...*


Cada año la misma historia. Siempre me entretengo en ver cuál es el último anuncio del año y cuando el nuevo año empieza siempre es una tradición escuchar la famosa canción de Mecano Un año más. Acaba un año y empieza otro, es así como comienza otra nueva etapa. Puede que aparentemente todo siga igual pero no es así, poco a poco las situaciones van tomando otra forma, hay amistades que se hacen más fuertes mientras que otras se desvanecen. Cuida a la gente que quieres y aprecias, aprovecha cada día para aprender algo nuevo, lucha por tus alocados sueños, sé egoísta cuando sea estrictamente necesario; y sobre todo, no dejes que nada te cambie, sé tu mismo. Te lo habrán dicho varias veces, pero aprovecha cada día, porque algún día no volverá a amanecer. Este año he visto que he podido ayudar a mucha gente con mi historia y por ello me siento agradecida. A veces es mejor compartir alguna que otra historia porque puedes ayudar a la persona que tienes al lado. Y hoy me apetece compartir un pedazo de otra historia.

Tú, has sido realmente valiente al abrir tu corazón, lanzar un grito desesperado hacia la persona que amas. La vida es riesgo y aunque a veces el amor no es correspondido, no por ello hay que rendirse, tal vez ésta no fuese tu oportunidad, llegará algo mejor aunque ahora creas que es absolutamente imposible. Esto no es una hipótesis, es una afirmación.

Tú, has dado un paso de gigante. Te atreviste a desencadenarte de las manos de una persona con cara de ángel pero de corazón negro. Tus cicatrices se han ido curando a base de abrazos y caricias. Estás empezando una etapa en la cual te veo capaz de comerte el mundo. No te olvides de quién eres y que lo más importante eres tú.

Tú, has logrado que mi felicidad cada día vaya en aumento. Siempre me has dado tu mano, la he cogido y la he apretado fuertemente. Siempre me has apoyado y he aprendido muchas cosas buenas de ti. Además, conseguiste que los sueños se convirtiesen en realidad. Cuando lloro me abrazas y me besas; y cuando sonrío, también. Ahora creo que los ángeles de la guarda existen.

Vosotros, para vosotros ni siquiera hay una palabra para definir lo locos que estáis. Habéis proporcionado risas constantes a este corazón blindado que poco a poco se está abriendo. Ellos son ese tipo de personas con las que cada día aprendes algo nuevo, algo totalmente distinto. Llevan a mi lado muchos años, hemos ido creciendo juntos y he pasado grandes momentos de mi vida junto a ellos.

Vosotras, con ellas pasé de un Bonjour a un J’ai besoin de toi en unos pocos meses. Siempre intercambiáis un beso por un abrazo, muchas veces sin razón aparente, sólo porque el corazón lo pide. Decidimos mantenernos juntas y convertirnos en una y de momento lo estamos cumpliendo, nunca ha habido un Au revoir. Reírnos sin saber por qué y disfrutar de ese momento, eso es lo que más me gusta.

Vosotros, que hace poco que estáis en mi vida, personas con las que nunca te falta una sonrisa y con las que siempre acabo llorando de risa. Siempre que he tenido un mal día sin ellos saberlo, han sido capaces hacerme olvidar mis problemas por un instante y hacerme reír.

Cada amigo, una historia diferente. Todas estas personas tienen algo en común: siempre estarán en mi corazón. Soy consciente de que puede que algún día nos separemos pero siempre me quedaré con los buenos momentos que viví con ellos. Hoy brindo por la amistad, por aquellos que estuvieron y ya no, por aquellos que siguen estando y por los que hace poco están a mi lado. El número 13 no me da miedo, de hecho, para mí es un buen número. Este año ha sido un año muy duro en todos los ámbitos, pero aún así, no hemos perdido la sonrisa porque tratamos de encontrarla por cualquier rincón. 

viernes, 21 de diciembre de 2012

You make it easier…*





Tal vez en esta entrada me puedas conocer un poco mejor, porque nunca he escrito tan directamente sobre mí. Hoy quiero compartir que he tenido muy buena semana y escribo estas líneas sin miedo a gafar lo que queda de semana y de año. Esta semana la vida me ha sonreído y he recordado muchas cosas. Sorpresas insospechadas que me han hecho sacar la mejor de mis sonrisas.  Además, he recibido felicitaciones y regalos por el trabajo que he realizado, lo cual hace que me sienta útil y alegrarme de ayudar a otras personas. Pero sin duda, me quedo con una frase que mi primo me dijo esta semana. Ambos estábamos pintando cuando de repente me detuve a mirar su dibujo y sonriendo pregunté:
_ ¿Quién te ha enseñado a dibujar casas?
_ Pues tú, prima, tú me lo enseñas todo porque eres mi prima.

Porque el mejor regalo no es lo material, el mejor regalo son las recompensas que recibes a base de tu esfuerzo a medida que pasa el tiempo. Hay veces que la recompensa es inmediata, en otras ocasiones por mucho que te esfuerces no lo consigues, pero algún día llegará el día en el que lo conseguirás o simplemente llegarás todo lo lejos que puedas sin haberte rendido.

En muchísimas ocasiones he sentido cómo el mundo se me venía encima porque no sabía cómo afrontar las situaciones sin solución aparente, pero me he esforzado por hacer todo lo que estaba en mi mano para conseguir estar mejor. Lo he pasado mal, pero aún así he sonreído y tras seis largos y duros años de esfuerzo lo he conseguido.

Hoy he tenido que hacer una exposición delante de todos mis compañeros y me da bastante vergüenza hablar en público, creí que no conseguiría vencer algunos problemas que tengo a la hora de hablar en público: el temblor de mi voz, mi cara colorada, mi mirada fijada al suelo, entre otras muchas. Estos días me he esforzado bastante por mentalizarme en hacerlo bien, y gracias al apoyo de varios compañeros pude superar algunos de estos obstáculos y estoy bastante orgullosa de mí misma. Sigo teniendo muchos problemas, pero he podido mejorar un poco uno, y por ello me siento bastante orgullosa, veo que por fin, tras años de esfuerzo, hoy ha merecido la pena. Tal vez  para muchos estos pasos parezcan insignificantes pero para mí son pasos de gigante.  

La experiencia me ha hecho ver que cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es la recompensa; y que cuando se cierra una puerta siempre, tarde o temprano, se abre otra. Lo único que tienes que hacer es saber esperar.  

martes, 4 de diciembre de 2012

Inalcanzable...*



Estos últimos años he confiado en muchas personas, más de las que debería…a día de hoy me arrepiento de haberlo hecho. Ya aprendí la lección. Ahora me siento triste de haber dado tanto y de no haber recibido lo que realmente necesito por parte de muchos. Ahora necesito que me tiendas tu mano porque por mí misma no puedo sostenerme, me estoy cayendo y cada día con más frecuencia. Hace pocos días me enteré de que tengo un sueño limitado. Creí que lo iba a conseguir, tenía la esperanza de que algún día ocurriese, pero nunca va a ser así, nunca. Dicen que el límite está en el cielo, pero no para todo. Parece ser que en este aspecto me he ilusionado más de lo que debería, he querido llegar a la cima de la montaña sin ni siquiera haberla pisado. Por aquellas noticias inesperadas, por aquellas noticias que te hacen sentir impotencia y por saber que, por otro lado, algún día seguiré hacia delante aunque en este momento no sé ni cuando ni cómo ni dónde. Lo único que me alegra es haber llegado todo lo lejos que podía llegar porque dentro de lo que cabe he conseguido parte de mi objetivo; pero siempre se me quedará la espinita de haber podido llegar a lo más alto y saber lo que se siente estando en la cima, algo así como un sentimiento de libertad. Tras esta noticia se me ha roto la mitad de un sueño pero eso no quiere decir que no pueda cumplir el resto. 

martes, 20 de noviembre de 2012

Believe in me...*


No hay palabras para expresar el miedo que siento. Es una sensación que me invade desde la cabeza hasta la punta de los pies. Un hormigueo que hace que mi corazón lata con mucha más fuerza y que la inseguridad vaya en aumento. Echo un pulso contra el miedo y me ha derrotado. Llega el día, me siento en una sala de paredes blancas y me limito a esperar, tengo miedo de que se me parta el corazón de nuevo, de tratar de recoger los pedazos y no poder encontrarlos. Un corazón esperando a que le den cura, pero nadie la encuentra y la solución es comenzar desde el principio. He reconstruido tantas veces mi corazón que siempre siento que a la siguiente no seré capaz, porque es como el pez que se muerde la cola, el ciclo siempre es el mismo y nadie consigue que nunca más se vuelva a romper. He aprendido de la experiencia y sé que si no me arreglo yo misma, nadie lo hará por mí. Esta vez quiero vencer el pulso al miedo.

Muchas personas me dijeron “nunca lo vencerás” y dijeron que me rendiría a mitad de camino, pero esta vez os habéis equivocado porque ya he hecho más de la mitad y a base de caerme he aprendido cómo es la mecánica. Es cierto que aún no lo he vencido, pero sé que estoy cerca. También hay mucha gente que te mira y por tu apariencia te subestima, no soy sólo lo que ves. Y sí, hay días en los que me levanto y me odio a mí misma, pero me acepto y sigo caminando. A pesar de esta relación amor-odio conmigo misma, tengo mucha motivación y ganas de tirar hacia delante, sé que el objetivo merece la pena. Cada día es una lucha, un pulso contra el miedo. ¿Alguna vez venceré al miedo? No lo sé, sólo sé que lo intentaré. Hoy sólo puedo decir que procuraré que hoy no sea igual que mañana, procuraré no retroceder y procuraré que mañana siempre sea mejor. Cada minuto que pasa, cuenta. Ahora cojo mi corazón, arreglo todos los descosidos de nuevo, pongo un parche nuevo de un color bonito y lo vuelvo a poner en su sitio. No hay palabras para expresar el miedo que siento pero toca empezar de nuevo y lo mejor que puedo hacer para empezar es tirar el pañuelo lleno de lágrimas al suelo y ponerme de nuevo en pie.


viernes, 16 de noviembre de 2012

Porque la imperfección es lo que nos hace perfectos…*


Me siento perdida, sola, sin saber adónde ir pero siempre me he rodeado de gente que siempre ha tenido los brazos abiertos para mí, pero en muchas ocasiones no he sido capaz de verlo y lo peor de todo, no he sido capaz de apreciarlo. Iba con los ojos vendados y no podía quitarme la venda. Para mí todos los días eran de color negro, un paisaje negruzco e indefinido. Cuanto más luchaba, el nudo de la venda se hacía más fuerte. Llegó un momento en el que me hice daño, daño de verdad. Me hice daño por la presión que sentía por el nudo y por tropezar siempre con la misma piedra. La impotencia, la tristeza y la incomprensión se convirtieron en mis compañeras. El nudo se iba apretando más, más y más. Me encerré en mí misma y escondí mis sentimientos, pensamientos y mi manera de ser en un baúl bajo llave; y esa llave me la tragué. A pesar de todo lo malo, una voz en mi interior siempre me decía: “mañana será mejor”, pero nunca se cumplía. Un día pude quitarme la venda, me miré frente al espejo y no me gustó lo que vi. Vi a una persona triste, con lágrimas contenidas por incomprensión y rechazo.

Para tratar de olvidar me fui a dar un paseo. Mientras caminaba por la estación una persona se detuvo frente a mí. Vi que iba cojeando. Se quedó erguida, quieta y de repente me esquivó y siguió su camino. Lo hizo con una gran agilidad, sólo supe que era ciega porque iba acompañada por un perro guía. También parecía que era muy conocida porque todo el mundo la saludaba, ella se giraba y se ponía a hablar con la gente. En un momento, no sé por qué razón, se giró hacia mi lado y me dijo: “¡Buenos días tenga usted!” y yo respondí “¡Igualmente señora!”. Ella rápidamente siguió la conversación: “¿Y ese tono de voz? Tienes una voz entrecortada, parece que estás triste. No te conozco, pero si estás triste te aconsejo una cosa. Mírame a mí, a simple vista puedes ver todas las dificultades que tengo a diario pero no dejo que me detengan. Pero hay personas, como tú creo, que las dificultades no las tienen por fuera sino que las tienen ocultas por dentro. No tengo criterio para opinar porque no te conozco, pero por como hablas creo que eres una persona tímida y cobarde. No te escondas. No a todo el mundo le gustarás, muchos te criticarán por las acciones que hagas y otros por las decisiones que tomes. En cambio, habrá personas que te querrán tal y como eres. Lo importante es ser uno mismo y no dejes que te afecten pequeñas cosas”.

Mientras hablaba noté que cada palabra que decía era cierta, sentía como si estuviera leyéndome la mente y cuando concluyó dije: “Sí, la verdad que ha dado usted en el clavo”. Ella sonrió y dijo: “¡Ya sabía yo!, ¿Pues sabes qué? Las personas siempre ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Pero hazme caso, la imperfección es lo que nos hace perfectos”.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Just keep going...*


Tengo miedo. Para mí el miedo es un sentimiento pesimista que he experimentado en varias ocasiones y es una sensación que últimamente ronda mucho por mi mente. Tengo miedo de algo que no puedo controlar, es algo que siempre se me va de las manos; y cada vez que pienso en ello mi corazón se acelera solo. Antes, tapaba este miedo detrás de una falsa sonrisa. Físicamente sonreía mientras que mi corazón lloraba de impotencia. Tras levantarme todos los días con malas noticias, empecé a ver que el tiempo se paraba porque nada cambiaba, ayer era igual que hoy. Todo se convirtió en rutina y mi corazón se llenó de falsas promesas y de pesimismo. El pesimismo se impuso como niebla ante mis ojos, era incapaz de ver la realidad. En este camino estaba sola porque los que podían ayudarme no lo hacían; mientras que los que querían ayudarme no podían hacer nada. Caminaba sola por la niebla, sin rumbo y sin poder ver mi destino, cualquier paso podría hacerme retroceder y tener que volver a dar los pasos que un día hiciste es lo peor que te puede pasar.

Un día apareció un rayo de luz en mi camino, una luz para aclararme el camino. Pude ver mi camino y el paisaje que me rodeaba. Observando el paisaje me di cuenta de que no había avanzado nada, de hecho, había retrocedido aún más. Vi como en la lejanía se acercaba un grupo de personas. Eran las personas que querían ayudarme pero no podían. Me miraron a los ojos y dijeron: “Sé que no podemos ayudarte con tu problema, pero hay una cosa en la que realmente sí podemos ayudarte”. Mi cara se iluminó porque empecé a sentir esperanza y rápidamente pregunté en qué podían ayudarme. Ellos respondieron diciendo: “Prométenos sonrisas verdaderas y no ocultes la verdad tras una máscara. Sabemos que no tienes más alternativa que hacer este camino sola, pero podemos darte un abrazo para que sepas que, de un modo u otro, estaremos ahí siempre”. Tras decir estas palabras, todos me abrazaron y uno de ellos me dio un sobre también. Cuando vi que ya no estaban, miré extrañada aquel sobre y la curiosidad me hizo abrirlo. Había una foto de ellos y por detrás había una nota que decía “tienes toda la fuerza para salir adelante”. Tras leer la nota sonreí, fue mi primera sonrisa verdadera.

Sí pudieron hacer algo por mí, no pueden resolver mi problema pero sí darme un empujón para no rendirme y que las sonrisas falsas desaparecieran por siempre. Seguí caminando pero esta vez con una sonrisa en la cara. En la actualidad, mi corazón sigue llorando, a veces de impotencia pero otras de alegría. Sé que algún día llegaré al final de este camino. He retrocedido muchas veces porque en muchas ocasiones no tengo la paciencia suficiente y mientras me derrumbo, retrocedo. No dejes que el pesimismo te invada, ese fue siempre mi mayor error. Sigo conservando aquella foto con la nota por detrás. Ayer la busqué y volví a leerla, pero esta vez el mensaje había cambiado, ya no había nada escrito porque las letras se habían borrado con el tiempo. Las letras se borraron porque en el fondo siempre supe que tenía toda la fuerza para salir adelante pero no recordaba dónde estaba, ya no necesitaba que ninguna nota me lo recordara y volví a sonreír de nuevo. 

viernes, 12 de octubre de 2012

Tal vez un "¡Qué ilusión saber de ti!" sea suficiente para todos…*


Me siento en mi jardín, sobre el duro asfalto que me vio crecer  y bajo el cielo que observó todos mis pasos. Siento cómo llaman a la puerta, me deleita el dulce sonido del puño golpeando la puerta de madera. Por la manera de llamar a la puerta sabía de quién se trataba. La pregunta siempre era la misma: “¡Sorpresa! ¿Qué tal estás?¿vienes a jugar con nosotros?” Y la respuesta siempre era la misa: “¡Qué ilusión verte!¡Sí, por supuesto!” Corríamos y jugábamos sin preocupación. Llenábamos el tiempo de risas y no había nada que nos pudiese distraer. Cada vez que volvía a casa miraba el buzón viendo si alguien había dejado algo para mí.

Ahora el tiempo ya ha cambiado y todos nos hemos adaptado gustosamente a nuevos cambios. Ya nadie llama a mi puerta. Ya no oigo cómo el puño golpea mi puerta de madera; y cuando creo que es así es porque un árbol ha golpeado mi ventana con sus ramas. Ahora lo que oigo es un “bip-bip” o lo que yo quiera oír, porque tengo la oportunidad de escoger la melodía que quiera. Mis ojos se posan delante de la pantalla y se limitan a leer: “¡Hola, cuanto tiempo! ¿Qué tal estás?” Ahora no me hace falta verte para saber cómo estás. Ya no puedo percibir tu estado de ánimo, antes lo podía saber por cómo llamabas a la puerta, pero ya no. Ya tampoco es especial recordar la fecha de tu cumpleaños porque esa información la puede tener cualquier persona.

Nos seguimos viendo, nos seguimos queriendo, pero de manera distinta. Ahora hay un muro entre nosotros, una pantalla que aunque es útil, a veces hace innecesario que nos veamos. A veces con “leernos” es suficiente. Podemos “leer” a mucha gente de diferentes rincones del planeta al mismo tiempo, algo que no está nada mal para aquellos que están muy lejos de nosotros. Pero siento que ya no apreciamos tanto lo que tenemos delante. Ya la cara no es del todo el reflejo del alma. Me gustaba cómo venías corriendo a mi casa para decirme las cosas importantes y me gustaba que dijeras “¡Qué ilusión verte!” Pero ahora lo único que puedo esperar muchas veces es un “¡Qué ilusión leerte!”

lunes, 8 de octubre de 2012

Fix a heart...*


A veces nos sentimos encerrados entre cuatro paredes, paredes que nos resguardan y nos evaden de la realidad. No queremos abrir la puerta por miedo a lo que puedan decir y a lo que pueda acontecer. Sólo nos queda pensar y a veces cuanto más piensas es peor. El gotelé de las paredes parecen caer al igual que tus lágrimas se deslizan por tus mejillas. Crees que lo has perdido todo, que no hay nada esperando por ti allá fuera y en eso estás equivocado. Todos estos pensamientos nos vienen a la cabeza cuando notamos un cambio en nuestra vida, un mínimo cambio puede dar un vuelco a todo lo que creemos.

Tienes miedo a que las cosas cambien porque lo más cómodo es estar como antes y no tocar nada. Miras la vida pasar y no te das cuenta de que el tiempo pasa; amanece, atardece; y tú siempre en el mismo lugar con la misma postura. Veo cómo miras a todas partes sin fijar la mirada en un sitio. “Cambio” no significa “miedo”. “Cambio” es recordar que estamos vivos y que todo permanece en constante movimiento. La felicidad cambia constantemente pero podemos llegar a alcanzarla. La tristeza también está en constante movimiento pero podemos llegar a adivinar sus movimientos para ganarla. Todos los sentimientos van y vienen. Algunos permanecen y se van consolidando con el tiempo. Mientras que otros deben desaparecer, porque es lo mejor para continuar.

A veces nos toca reír, otras llorar, nada es justo. Para reír hace falta llorar; al igual que para ganar hay que saber perder. Hay cambios que te harán desparecer del mapa de algunos; pero otros te harán aparecer en nuevos mapas. “Cambio” es “tiempo”. Destroza esas cuatro paredes, sal y tómate tiempo para sentir de nuevo que sigues vivo. Cuando todo lo malo ha llegado, cuando nada puede ir peor, significa que a partir de ahora todo lo que llegue será bueno. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

I will try to fix you…*





Lo vuelvo a intentar una y otra vez, y siempre me caigo. Siempre me digo a mi misma que me tengo que levantar, pero esta vez me cuesta más que nunca. Es difícil levantarse si estás defraudado contigo mismo. Quería demostrar que me podía superar esta vez, que era capaz, pero esta vez no ha podido ser. Voy cuesta abajo y sin frenos. El cuerpo me pesa más que nunca, la tristeza se ha posado en mi espalda como una mochila y el desprecio de algunas personas hace que andar sea mucho más difícil. No tengo un punto de apoyo y caigo en una espiral de decepción constante, es como un tobogán de sentimientos.

Sé que soy capaz de levantarme de nuevo, porque muchas veces he sufrido por cosas peores a éstas. Una vez alguien me dijo que siempre sea valiente, que con todo lo que he pasado soy capaz de pasar por cualquier cosa, que no puedo volver atrás y tirar por la borda todo lo que he superado. Cada vez que me siento triste recuerdo esa frase y siento cómo si esa persona me la estuviera repitiendo de nuevo sólo para mí y con el mismo tono que la primera vez. No puedo recuperar ese momento pero cada vez que lo recuerdo siempre vienen a mí los mismos sentimientos.

Conozco perfectamente el dolor que se siente cuando las cosas salen mal, al igual que todo el mundo. Sé qué es la soledad; sé que es sufrir por la incertidumbre y el miedo a lo desconocido; sé qué es huir de un problema y luego no poder esquivarlo; sé qué es no encontrar apoyo. Pero, en cambio, también sé que es olvidar lo malo, ser feliz y disfrutar del momento. También sé que para ganar antes hay que perder. Sólo así te das cuenta de que lo bueno ha llegado y de que lo malo se está yendo. De momento sé que la tristeza invade gran parte de mí, la espalda sigue pesando, pero al igual que siempre, sé que algún día se irá y seguiré fijándome metas. Hay que saber esquivar golpes y curar las heridas. La cicatriz siempre estará allí porque las cosas pasan, pero nunca se olvidan.


domingo, 9 de septiembre de 2012

Mirando el mundo desde abajo…*





Cuando camina siempre la verás mirando al suelo, nunca hacia el frente. Su timidez la puede y su mirada un gran secreto esconde, un secreto que muy pocos saben porque no quiere herir el corazón de quien realmente quiere. Mira su reflejo en un charco y sólo ve un borrón, una imagen llena de imperfección. No tiene ojos con los que ver por dónde va, no tiene nariz con la que oler su perfume, no tiene oídos para oír la dulce voz que echaba de menos y no tiene boca para expresarse con el mundo. Ese borrón era negro porque el pesimismo siempre ha sido su principal punto de vista. Ese mismo día algo aconteció, algo que nunca olvidaría, algo que le haría cambiar su punto de vista. Ese día, mientras caminaba mirando su reflejo en el charco de agua, se chocó con una persona y ambos cayeron al suelo:

_ ¡Perdón!, ¿estás bien?
_ ¡Me has hecho daño! ¿Por qué no miras por dónde andas?
_ Perdona, no sabía que estabas ahí
_ ¡Pues claro que no lo sabías! Todas las mañanas te veo de camino al trabajo y siempre vas mirando al suelo. Normal que haya pasado esto, yendo así no te das cuenta de lo que pasa a tu alrededor.
_ Lo siento, es la costumbre.
_ ¿Y por qué siempre miras al suelo?
_ La verdad es que no lo sé. He intentado mirar hacia delante pero siempre acabo mirando hacia el suelo, es como un acto reflejo.
_ Mirando al suelo no vas a saltar ningún obstáculo. Siempre hay que mirar a todos los lados, no puedes mirar sólo hacia uno. Me podrías haber hecho mucho más daño, y lo peor, te podrías haber hecho daño a ti mismo. Por ejemplo, no puedes intentar cruzar la calle mirando al suelo; no verías si el semáforo está en verde y por tanto no sabrías si te podrían atropellar. Al principio es difícil, pero observa las cosas desde todos los puntos de vista posibles. Bueno, me tengo que ir, tengo que ir a trabajar, espero que todo te vaya bien.

Esa persona se levantó del suelo sacudiéndose los pantalones. Antes de irse a trabajar cogió de la mano a  Esperanza para ayudarla a levantarse. Se levantó y esa persona se fue. Cuando Esperanza se puso de pie vio cómo se había caído encima del charco en el había contemplado su borroso reflejo.




jueves, 9 de agosto de 2012

Pisando fuerte...*


Hoy me he levantado estando segura de que iba a empezar una nueva etapa y así ha sido, estoy decidida. Creo que cada uno de nosotros ha nacido con estrella y todos tenemos una cualidad. Ahora estoy en una etapa en la cual estoy llenando mi vida de nuevos retos para encontrarla. Tal vez me equivoque y no exista, pero no me arrepentiré de haberlo intentado. Hoy he hecho una lista y no sé si conseguiré realizar todos esos retos porque son muchos y muy duros, pero no me voy a echar hacia atrás. Tampoco os diré cuales son porque cuando los consiga vuestros ojos serán testigos de mi esfuerzo.

Hoy me he levantado recordando todo por lo que he pasado estos años. Lo que antes me importaba ya no me importa; todas las montañas hechas de pequeños granos los he pisoteado; todos los “te odio” los he convertido en indiferencia. Ya no siento dolor de heridas pasadas, ahora son recuerdos de tiempos difíciles y recordatorios de lo que no se ha de repetir. Ahora sé que puedes venir a intentar herirme y no conseguirlo. Hoy soy más fuerte que ayer.

Puede que no me creas, pero por todo lo  que he vivido estoy segura de que nada es imposible y que de todo lo malo sale algo bueno. El error fue ser pesimista y por eso ser incapaz de ver la salida. Hoy empieza mi viaje, veo el principio pero no el final, ya lo iré improvisando. Ahora miro hacia delante, no tengo miedo y veo que es posible.

miércoles, 20 de junio de 2012

Yo, me, mi, conmigo...*


Mi vida es como un cuadro, la gente se acerca para mirarlo y tratar de entender qué es lo que hay detrás de él, el qué nos quiere transmitir. Hay muchas formas de mirarlo, desde lejos, desde muy cerca, de lado, etc. Cada una de esas perspectivas te da un punto de vista distinto. En el cuadro aparece una chica descalza caminando por la playa mirando el cielo porque está a punto de amanecer. El cielo está pintado de colores oscuros a la par que pequeños detalles de colores vivos para expresar que está amaneciendo. El cielo está un poco nuboso pero esas nubes dejan que traspasen rayos de luz. También se puede apreciar que hay otra persona a su lado pero no vemos su cara porque está mirándola y sólo vemos su nuca. Mientras tanto ella hace un amago de acercar su mano a la de aquella persona.  Ella viste de blanco y eso la hace destacar entre el cielo oscuro y el agua oscura del mar.

Yo veo a una chica que está en el sitio más abierto en el que puede estar, el mar se une con el cielo y la playa no parece tener final. No hay límite, el límite lo marca ella, cuando quiera dejar de caminar lo hará. Ella desea ser libre, sentir la brisa del mar en su cara, decidir dónde quiere ir y qué pasos quiere hacer. Está descalza porque no tiene nada que esconder y no tiene miedo de lo que pueda pisar. Esos pasos se quedarán marcados en la arena durante unos minutos para marcar que ella una vez estuvo ahí pero que siguió hacia delante. Está amaneciendo porque el amanecer es el principio del camino. El cielo, a pesar de estar lleno de nubes, son nubes dispersas y sabemos que esas nubes se irán y los rayos de sol son la esperanza de vencer a las nubes para que haya un día despejado. Va vestida de blanco porque quiere destacar entre los demás, muestra la ambición de querer vencer al cielo. Pero, ¿Quién es la persona que va a su lado? Esa persona es la que la acompañará en su camino, la acompañará hasta que ella se canse de andar. Aún no tiene cara porque no sabe realmente quien será. Aunque, por otro lado, esa figura está moldeada cuidadosamente, por lo que por el momento sabe quién quiere que sea.

El cuadro lo hice yo y aquella chica vestida de blanco también era yo, quería plasmar quien soy de verdad. El cuadro no está bien pintado porque básicamente no sé pintar bien. No sé pintar bien porque sé que no soy perfecta, nadie es perfecto. La perfección para mí no existe, es algo que un jurado no puede marcar, no se puede  puntuar la perfección. La perfección la marca uno mismo comparando todo lo que ha hecho en su vida y comparado con todo lo que he hecho en mi vida, sin duda, esto es lo que mejor he hecho. Uno mismo también marca el límite de su camino, sólo uno mismo sabe cuantos pasos es capaz de dar. 

jueves, 31 de mayo de 2012

Puede que mi corazón sea débil pero es mejor que tener un corazón cobarde…*



A veces no hace falta un arma para herir, hay veces que no hace falta un golpe para herir, hay veces que con las palabras bastan. Diciendo la palabra equivocada en el momento más débil y vulnerable de una persona puede perforar todo su cuerpo, es peor que un disparo en el corazón. A mí me pasó sólo una vez, ahí fue cuando empecé a aprender lo que significa sufrir. Ese tipo de personas demuestran tener un corazón que sólo da la cara cuando oye una provocación y juega sucio escupiendo esa palabra horrible en tu cara. Sabe tu punto débil y se aprovechará de él cuando tenga la menor oportunidad.

En ese momento no tenía fuerzas para parar ese tiroteo de palabras absurdas pero sabía que en el fondo me quedaba un poco de fuerza para enfrentarme a ello. Me cansé de escuchar esa palabra, una palabra sin fondo y sin argumento. Era una palabra hueca usada para rellenar el corazón vacío de una persona marchita, un vacío que no quiere reparar. Al no querer repararlo se venga de otros corazones para ver si así puede llenar su corazón de una manera ruin y cobarde. Es cierto que una vez me heriste, es cierto que una vez me pillaste desprevenido y no pude protegerme de tu sacudida de palabras.

Las palabras pueden ser un mundo para ti, o simplemente puedes pensar que son un conjunto de letras unidas por un sin sentido. Si a esa palabra le falta una de sus letras pierde todo su valor; si esa palabra pierde una letra, la palabra deja de existir. Yo decidí jugar con tu palabra al “Scrabble”. Gracias a tu palabra conseguí triple tanto de palabra y gané la partida. Con tu sucia palabra gané el juego, así que te doy las gracias. Tú sigue lanzando palabras, que yo seguiré jugando con ellas porque de heridas sé sacar victorias.

viernes, 25 de mayo de 2012

Yo nunca elegí enamorarme de tí...*


Pienso que hay muchas cosas en la vida que no puedes elegir. Uno no puede elegir qué es lo que le gusta. Cuando nos gusta algo simplemente sentimos una fuerte atracción hacia ello, nos atrae, nos hace sentir completos. Después hay que elegir si estos gustos realmente te convienen o no, si son buenos o no para nosotros. Muchas veces tenemos que rechazar cosas que realmente amamos, y aunque duela, hay que olvidar y no mirar hacia atrás. Es cierto que muchas veces nos equivocamos y olvidamos cosas que no eran perjudiciales para nosotros. De la atracción al amor o pasión por algo o alguien, sólo hay una delgada línea; al igual que del amor al odio.

Hace cinco años decidí dar ese paso. Cuando uno está dispuesto a dar ese paso está constantemente pensando si realmente lo que está haciendo está bien, si es eso lo que realmente quiere, si de verdad no se arrepentirá. Pero como bien dicen, si no lo pruebas nunca sabrás si de verdad mereció la pena intentarlo. Y hoy puedo decir que mereció la pena intentarlo. Aún recuerdo bien cómo empezó todo, varias personas me ayudaron bastante a dar ese paso, a las cuales nunca he tenido la ocasión de agradecérselo y aprovecho este momento para agradecérselo.

Un día íbamos en el tren y se nos acercó una señora a la que no conocíamos pero ella empezó a hablar con nosotros. Hablando con ella descubrí que casualmente ella y yo teníamos las mismas raíces y ella nació el mismo día que yo. No sé si aquella señora mentía o si realmente esa información será cierta, pero esta historia ocurrió de verdad. Me miró a los ojos y me dijo: “No le dejes escapar, no se encuentra a una persona así todos los días” y lo mismo le dijo a él sobre mí. Cada día pienso más que aquella mujer tenía razón.

Dedicado a mi mejor amigo,
Dedicado al que ha conseguido que mucho de mis sueños se hayan convertido realidad,
Dedicado al que siempre me ha dicho que nada es imposible,
Y por último, dedicado a esa persona con la que me encontré en el momento, en el lugar y la hora adecuada.

lunes, 9 de abril de 2012

"[...]y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar"



Con los ojos cerrados y con las manos sobre mis oídos me decía: “todo ha sido un sueño, nada nunca ocurrió”. Era mentira, sí que había ocurrido algo, sólo trataba de engañarme a mí misma sin éxito. No me puedo creer que haya pasado ya tanto tiempo…en un día como hoy, hace ya varios años, todo cayó al vacío. A veces, hay cosas en nuestras vidas que damos por hecho que nadie nos las puede quitar y que siempre van a estar ahí, pero no es así. Se fue una parte de mí y nadie pudo hacer nada. Después me dijeron que lo que creí haber perdido no lo perdí porque nunca lo tuve. Me empecé a preguntar “¿por qué a mí?”; pero tuve que pasar de preguntarme eso a aceptarlo de manera madura. El mundo se me empezó a caer encima; me sentía sola cuando en verdad no estaba sola; me sentía diferente cuando realmente no lo era; me sentía inferior a muchas personas pero luego me fui haciendo grande.  

Estos momentos, por muy malos que sean, te hacen sacar lo mejor de ti mismo y sobre todo, te das cuenta de quien realmente está a tu lado. Esa experiencia me hizo apreciar mucho más lo que tengo a mí alrededor, a cuidarlo y a mantenerlo; y sobre todo, a seguir siempre hacia adelante. Espero no olvidar nunca lo que tengo y todo lo que tengo es el motor que me hace seguir hacia delante. Por desgracia, nunca voy a poder recuperar eso que perdí, hay veces que la vida te da malas cartas pero si las juegas bien, puedes llegar a ganar. Hace años que olvidé el “¿por qué a mí?” y lo cambié por un “sigue caminando”.  Sé que he perdido mucho, pero hay una cosa que nunca me podrán quitar, y esa es la alegría. Muchas veces he llorado, pero siempre he acabado sonriendo.

Ahora lo que quiero es seguir haciéndome grande y cumplir todo lo que siempre me prometí. Una de las cosas que me prometí a mi misma fue esto, ser capaz de superarme  cada día y seguir caminando a pesar de haber perdido; y hoy, tras muchos años de esfuerzo, puedo decir que lo he conseguido. Siempre me he alegrado de tenerlos a mi lado, ellos siempre me han hecho la vida mucho más fácil y me hacen salir hacia adelante. Me ayudan mucho más de lo que ellos se piensan, me ayudan sin darse ellos cuenta. Te quiero, sí, a ti. Tal vez no lo leas hoy, tal vez no lo leas mañana pero sé que lo acabarás leyendo. 

lunes, 19 de marzo de 2012

Stay Strong...*



Te oigo, al principio trataba de evadirlo, pero no pude, tienes un gran poder. Ahora te oigo constantemente, te escucho y todo lo que sale de ti duele. Poco a poco mi corazón se va desmoronando, haciéndose mil pedazos. Lucho contra ti, pero siempre resulta en vano. Siempre te tengo en mi cabeza, trato de olvidarte pero no puedo. Cada día te vas haciendo más grande y yo a la vez más pequeño. Me gritas en silencio para que nadie te oiga, te mueves despacio y sigiloso; pero eres astuto y al final lo abarcas todo. Cuando te juntas con tu amiga “crueldad” ambas me hacéis caer en lo más profundo. Destrozaste el armazón que tenía, cada vez que oigo tu nombre mi alma se derrumba. Grito en silencio para que no me oigas y pasar desapercibido. Me tapo los oídos para no oírte y los ojos para no verte.

Un día me junté con una amiga tuya, una tal “indiferencia”, porque me cansé de llorar, quería caminar borrándote de mi memoria para siempre. No quiero oírte nunca más, me gustaría que amaneciese y oír únicamente el cantar de los pájaros. Me gustaría volver a escuchar aquellos dulces sonidos que antes escuchaba. Nunca me he cansado de luchar para seguir hacia delante y nunca me cansaré hasta que desaparezcas. Un día mientras caminaba leí el letrero de “felicidad”. “Felicidad” se encontraba girando la primera calle a la derecha, pero era dirección prohibida, por tanto tenía que recurrir a otro camino, me era imposible llegar hasta ahí de momento. Aún me sigues, no logro darte esquinazo. La única ventaja que tengo contra ti es que tú te mueves más lento, aunque luego seas el que te sabes todos los atajos.

De repente vi una carretera que llevaba a una calle que también me gustaba, la calle del olvido. La calle del olvido estaba en lo alto de una montaña, para llegar hay que escalar una pared de 180º grados de inclinación. Parecía imposible, estaba anonadado, era una altura increíble y una pendiente imposible de escalar. Me rendí, no podía hacerlo, sabía que no iba a poder pero a lo lejos oí: “si nunca lo intentas nunca sabrás si fuiste capaz: Sí, él tiene poder pero el poder que tiene lo saca de ti. No dejes perder tu poder para que él lo pueda coger. Ve, corre. Te caerás las primeras veces pero mientras no te rindas él no podrá beneficiarse de tu poder y él se irá debilitando porque él se alimenta de ti”. Le hice caso, me dijo que si no sabía qué hacer que le llamase, su nombre era “razón”.  Me puse manos a la obra: subía, me caía; subía, me caía; y así todas las veces que lo intenté.

Mientras tanto, yo estaba solo escalando, pero él se estaba acercando. De tantas veces que caí se fue formando un agujero en el suelo así que me cambié de sitio y me puse a escalar desde otro sitio porque sabía que si me volvía a caer ahí me podría quedar atrapado en un profundo agujero para siempre. Ahora parece que podía ir subiendo cada vez un poco más. Mientras iba escalando miré hacia abajo para saber cuánto había subido. Cuando miré vi que estaba ahí, ya me había alcanzado, me intentaba coger la pierna, ambos estábamos en la cuerda floja, rozando el abismo. Finalmente me agarró la pierna, yo daba patadas para intentar que me soltase pero era fuerte. Di una patada a la montaña y ésta sonó. De forma inmediata, empezaron a caer rocas desde la cima de la pared. Estas rocas golpeaban mi cabeza, pero al final pude ver cómo esas rocas se lo llevaron a él y no a mí. Cuando llegué a la calle del olvido vi que al final de esa calle estaba “Felicidad”.Yo por fin llegué a la calle del olvido y tú, “desprecio”, por fin caíste a lo más bajo.