No hay palabras para expresar el miedo que siento. Es una
sensación que me invade desde la cabeza hasta la punta de los pies. Un
hormigueo que hace que mi corazón lata con mucha más fuerza y que la
inseguridad vaya en aumento. Echo un pulso contra el miedo y me ha derrotado.
Llega el día, me siento en una sala de paredes blancas y me limito a esperar, tengo
miedo de que se me parta el corazón de nuevo, de tratar de recoger los pedazos
y no poder encontrarlos. Un corazón esperando a que le den cura, pero nadie la
encuentra y la solución es comenzar desde el principio. He reconstruido tantas
veces mi corazón que siempre siento que a la siguiente no seré capaz, porque es
como el pez que se muerde la cola, el ciclo siempre es el mismo y nadie
consigue que nunca más se vuelva a romper. He aprendido de la experiencia y sé
que si no me arreglo yo misma, nadie lo hará por mí. Esta vez quiero vencer el
pulso al miedo.
Muchas personas me dijeron “nunca lo vencerás” y dijeron que
me rendiría a mitad de camino, pero esta vez os habéis equivocado porque ya he
hecho más de la mitad y a base de caerme he aprendido cómo es la mecánica. Es
cierto que aún no lo he vencido, pero sé que estoy cerca. También hay mucha
gente que te mira y por tu apariencia te subestima, no soy sólo lo que ves. Y
sí, hay días en los que me levanto y me odio a mí misma, pero me acepto y sigo
caminando. A pesar de esta relación amor-odio conmigo misma, tengo mucha
motivación y ganas de tirar hacia delante, sé que el objetivo merece la pena. Cada
día es una lucha, un pulso contra el miedo. ¿Alguna vez venceré al miedo? No lo
sé, sólo sé que lo intentaré. Hoy sólo puedo decir que procuraré que hoy no sea
igual que mañana, procuraré no retroceder y procuraré que mañana siempre sea
mejor. Cada minuto que pasa, cuenta. Ahora cojo mi corazón, arreglo todos los
descosidos de nuevo, pongo un parche nuevo de un color bonito y lo vuelvo a
poner en su sitio. No hay palabras para expresar el miedo que siento pero toca
empezar de nuevo y lo mejor que puedo hacer para empezar es tirar el pañuelo
lleno de lágrimas al suelo y ponerme de nuevo en pie.
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