A veces nos sentimos encerrados entre cuatro paredes,
paredes que nos resguardan y nos evaden de la realidad. No queremos abrir la
puerta por miedo a lo que puedan decir y a lo que pueda acontecer. Sólo nos
queda pensar y a veces cuanto más piensas es peor. El gotelé de las paredes
parecen caer al igual que tus lágrimas se deslizan por tus mejillas. Crees que lo has perdido todo, que no hay nada esperando por
ti allá fuera y en eso estás equivocado. Todos estos pensamientos nos vienen a
la cabeza cuando notamos un cambio en nuestra vida, un mínimo cambio puede dar
un vuelco a todo lo que creemos.
Tienes miedo a que las cosas cambien porque lo más cómodo es
estar como antes y no tocar nada. Miras la vida pasar y no te das cuenta de que
el tiempo pasa; amanece, atardece; y tú siempre en el mismo lugar con la misma
postura. Veo cómo miras a todas partes sin fijar la mirada en un sitio.
“Cambio” no significa “miedo”. “Cambio” es recordar que estamos vivos y que
todo permanece en constante movimiento. La felicidad cambia constantemente pero
podemos llegar a alcanzarla. La tristeza también está en constante movimiento
pero podemos llegar a adivinar sus movimientos para ganarla. Todos los
sentimientos van y vienen. Algunos permanecen y se van consolidando con el
tiempo. Mientras que otros deben desaparecer, porque es lo mejor para
continuar.
A veces nos toca reír, otras llorar, nada es justo. Para
reír hace falta llorar; al igual que para ganar hay que saber perder. Hay
cambios que te harán desparecer del mapa de algunos; pero otros te harán aparecer
en nuevos mapas. “Cambio” es “tiempo”. Destroza esas cuatro paredes, sal y
tómate tiempo para sentir de nuevo que sigues vivo. Cuando todo lo malo ha
llegado, cuando nada puede ir peor, significa que a partir de ahora todo lo que
llegue será bueno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario