Te oigo, al principio trataba de evadirlo, pero no pude, tienes un gran poder. Ahora te oigo constantemente, te escucho y todo lo que sale de ti duele. Poco a poco mi corazón se va desmoronando, haciéndose mil pedazos. Lucho contra ti, pero siempre resulta en vano. Siempre te tengo en mi cabeza, trato de olvidarte pero no puedo. Cada día te vas haciendo más grande y yo a la vez más pequeño. Me gritas en silencio para que nadie te oiga, te mueves despacio y sigiloso; pero eres astuto y al final lo abarcas todo. Cuando te juntas con tu amiga “crueldad” ambas me hacéis caer en lo más profundo. Destrozaste el armazón que tenía, cada vez que oigo tu nombre mi alma se derrumba. Grito en silencio para que no me oigas y pasar desapercibido. Me tapo los oídos para no oírte y los ojos para no verte.
Un día me junté con una amiga tuya, una tal “indiferencia”, porque me cansé de llorar, quería caminar borrándote de mi memoria para siempre. No quiero oírte nunca más, me gustaría que amaneciese y oír únicamente el cantar de los pájaros. Me gustaría volver a escuchar aquellos dulces sonidos que antes escuchaba. Nunca me he cansado de luchar para seguir hacia delante y nunca me cansaré hasta que desaparezcas. Un día mientras caminaba leí el letrero de “felicidad”. “Felicidad” se encontraba girando la primera calle a la derecha, pero era dirección prohibida, por tanto tenía que recurrir a otro camino, me era imposible llegar hasta ahí de momento. Aún me sigues, no logro darte esquinazo. La única ventaja que tengo contra ti es que tú te mueves más lento, aunque luego seas el que te sabes todos los atajos.
De repente vi una carretera que llevaba a una calle que también me gustaba, la calle del olvido. La calle del olvido estaba en lo alto de una montaña, para llegar hay que escalar una pared de 180º grados de inclinación. Parecía imposible, estaba anonadado, era una altura increíble y una pendiente imposible de escalar. Me rendí, no podía hacerlo, sabía que no iba a poder pero a lo lejos oí: “si nunca lo intentas nunca sabrás si fuiste capaz: Sí, él tiene poder pero el poder que tiene lo saca de ti. No dejes perder tu poder para que él lo pueda coger. Ve, corre. Te caerás las primeras veces pero mientras no te rindas él no podrá beneficiarse de tu poder y él se irá debilitando porque él se alimenta de ti”. Le hice caso, me dijo que si no sabía qué hacer que le llamase, su nombre era “razón”. Me puse manos a la obra: subía, me caía; subía, me caía; y así todas las veces que lo intenté.
Mientras tanto, yo estaba solo escalando, pero él se estaba acercando. De tantas veces que caí se fue formando un agujero en el suelo así que me cambié de sitio y me puse a escalar desde otro sitio porque sabía que si me volvía a caer ahí me podría quedar atrapado en un profundo agujero para siempre. Ahora parece que podía ir subiendo cada vez un poco más. Mientras iba escalando miré hacia abajo para saber cuánto había subido. Cuando miré vi que estaba ahí, ya me había alcanzado, me intentaba coger la pierna, ambos estábamos en la cuerda floja, rozando el abismo. Finalmente me agarró la pierna, yo daba patadas para intentar que me soltase pero era fuerte. Di una patada a la montaña y ésta sonó. De forma inmediata, empezaron a caer rocas desde la cima de la pared. Estas rocas golpeaban mi cabeza, pero al final pude ver cómo esas rocas se lo llevaron a él y no a mí. Cuando llegué a la calle del olvido vi que al final de esa calle estaba “Felicidad”.Yo por fin llegué a la calle del olvido y tú, “desprecio”, por fin caíste a lo más bajo.

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