viernes, 16 de noviembre de 2012

Porque la imperfección es lo que nos hace perfectos…*


Me siento perdida, sola, sin saber adónde ir pero siempre me he rodeado de gente que siempre ha tenido los brazos abiertos para mí, pero en muchas ocasiones no he sido capaz de verlo y lo peor de todo, no he sido capaz de apreciarlo. Iba con los ojos vendados y no podía quitarme la venda. Para mí todos los días eran de color negro, un paisaje negruzco e indefinido. Cuanto más luchaba, el nudo de la venda se hacía más fuerte. Llegó un momento en el que me hice daño, daño de verdad. Me hice daño por la presión que sentía por el nudo y por tropezar siempre con la misma piedra. La impotencia, la tristeza y la incomprensión se convirtieron en mis compañeras. El nudo se iba apretando más, más y más. Me encerré en mí misma y escondí mis sentimientos, pensamientos y mi manera de ser en un baúl bajo llave; y esa llave me la tragué. A pesar de todo lo malo, una voz en mi interior siempre me decía: “mañana será mejor”, pero nunca se cumplía. Un día pude quitarme la venda, me miré frente al espejo y no me gustó lo que vi. Vi a una persona triste, con lágrimas contenidas por incomprensión y rechazo.

Para tratar de olvidar me fui a dar un paseo. Mientras caminaba por la estación una persona se detuvo frente a mí. Vi que iba cojeando. Se quedó erguida, quieta y de repente me esquivó y siguió su camino. Lo hizo con una gran agilidad, sólo supe que era ciega porque iba acompañada por un perro guía. También parecía que era muy conocida porque todo el mundo la saludaba, ella se giraba y se ponía a hablar con la gente. En un momento, no sé por qué razón, se giró hacia mi lado y me dijo: “¡Buenos días tenga usted!” y yo respondí “¡Igualmente señora!”. Ella rápidamente siguió la conversación: “¿Y ese tono de voz? Tienes una voz entrecortada, parece que estás triste. No te conozco, pero si estás triste te aconsejo una cosa. Mírame a mí, a simple vista puedes ver todas las dificultades que tengo a diario pero no dejo que me detengan. Pero hay personas, como tú creo, que las dificultades no las tienen por fuera sino que las tienen ocultas por dentro. No tengo criterio para opinar porque no te conozco, pero por como hablas creo que eres una persona tímida y cobarde. No te escondas. No a todo el mundo le gustarás, muchos te criticarán por las acciones que hagas y otros por las decisiones que tomes. En cambio, habrá personas que te querrán tal y como eres. Lo importante es ser uno mismo y no dejes que te afecten pequeñas cosas”.

Mientras hablaba noté que cada palabra que decía era cierta, sentía como si estuviera leyéndome la mente y cuando concluyó dije: “Sí, la verdad que ha dado usted en el clavo”. Ella sonrió y dijo: “¡Ya sabía yo!, ¿Pues sabes qué? Las personas siempre ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Pero hazme caso, la imperfección es lo que nos hace perfectos”.

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