Hoy intenté hacer una lista con las cosas malas que tienes,
¿y sabes qué? No encontré ninguna que resaltar. Todos somos cabezotas de vez en
cuando. Lágrimas se derraman por mis mejillas por no saber lo que ocultaba tu
mirada.
Ahora no sabe ver todas las cosas buenas que tiene, que son
muchas. Se le olvidó que la gente la quiere por su forma de ser. Es una persona
capaz de superarse a sí misma pero ahora viste con antifaz y no puede verlo. Con
el tiempo sé que ese antifaz caerá o yo misma lo arrancaré con mis propias
manos. El destino hizo que tropezase con la misma piedra dos veces. Aunque a veces
la vida nos da malas cartas hay que saber cómo jugar con ellas porque podemos
ganar la partida. Si alguna vez sintiese que no tiene fuerzas, cedería mis brazos,
espalda y cuello para que se apoyase en mí.
Es muy fácil equivocarse pero hay que aprender a pensar con
la cabeza y no dejarse llevar por el corazón. Muchas veces es mejor llorar
primero para poder reír después. Se te permite fallar siempre que aprendas de
aquel error para no volver a repetirlo. Las heridas tardan en sanar, pero
acaban sanando. Algunas heridas dejan cicatrices, cicatrices que recuerdan lo
que no se ha de volver a repetir. Sé que poco a poco irá aprendiendo la lección,
irá abriendo los ojos y se bañará en su propia fuerza.
Nadie es perfecto pero hay que aprender a quererse a pesar
de nuestras taras. No te compares con nadie, cada persona es única. Eso es lo
que nos hace especiales. ¿Me necesitas? Llámame. Si no te oigo, grita. Siempre
estaré atenta aunque no pueda estar físicamente a tu lado. Te escucharé. Te
abrazaré. Te escribe un corazón sincero. Te quiero, para lo bueno y para lo
malo.