jueves, 22 de diciembre de 2011

Don’t walk away, it is up to you…

Ella me da toda la fuerza que necesito,
Ella me da todo el cariño que ella sabe dar,
Ella me da seguridad a la hora enfrentarme a grandes situaciones en mi vida. Aunque es cierto que a veces me hace sentir insegura y hace echarme hacia atrás. Aún así, ella me convence para que vuelva y lo vuelva intentar.
Ella me ayuda a dejar atrás el pasado y concentrarme en el presente.
Ella intenta hacerme creer que es posible, tal vez hoy no pero tal vez mañana sí.
Porque esa “ella” soy yo y nadie como uno mismo puede ayudarse a salir hacia delante. Muchos te pueden dar la mano, pero solo tú puedes dar el primer paso para continuar. 

jueves, 15 de septiembre de 2011

Valoro...*

Me gusta tu sonrisa cuando te hago reír,
Me gusta la alegría que desbordas al verte sonreír,
Me gusta que te acuerdes de mí viendo o recordando cualquier tontería.

Por encima de todo valoro cada día, cada instante de mi vida,
Puesto que nunca se sabe cuando el viaje va a terminar,
O cuando un nuevo viaje va a comenzar.

La vida sigue hacia delante y sólo sé que, ya acabe un viaje o empiece otro, nunca te voy a olvidar, porque sé que formé parte de tu pasado y puede que también de tu presente.

miércoles, 13 de julio de 2011

...~*




Un día caluroso de verano. El sol golpea en la cara y uno siempre busca cobijo bajo una sombra. Un niño de 3 años, lleno de vida, ilusión y alegría. La única preocupación que tiene actualmente es que su juguete favorito no se pierda, que sólo lo tenga él y esperar impaciente a que sus padres le compren el juguete perfecto.

En verano, él y su prima hacen muchas cosas juntos: reír, jugar a la pelota, jugar con las raquetas, comer helados junto a la piscina… pequeños momentos que les hacían muy felices.

Por una parte, cuando ella jugaba con él, todos sus problemas desaparecían al instante. Ella se preocupaba mucho por él, le enseñaba cosas nuevas que ella aprendió a hacer a su edad (como montar en bici, pintar, jugar al fútbol…) cosas que piensas que le van a ser útiles para el día de mañana.

Cada día ella se sorprende más y más porque ve cómo va creciendo muy deprisa. Ella está muy contenta porque le ha visto crecer, desde que era un bebé y le enorgullece que poco a poco vaya creciendo y que vaya siendo más independiente.

Un día le sorprendió mucho su actitud. Estaban jugando ambos a la pelota, cuando de repente, ambos tropezaron y se cayeron. Ella aturdida, le preguntó que si se encontraba bien. A ella le daba igual el resto, lo único que le preocupaba es que él estuviera bien. El niño respondió:
_Sí, ¿ves? (acariciándose la pierna) no pasa nada. ¡A jugar!

Mientras él iba a por el balón, ella le sonrió al ver que estaba bien, aunque ella estaba un poco dolorida pero intentaba disimularlo. Él vio que su mirada ocultaba dolor, veía que se había hecho daño y añadió:

_¿Tú estás bien?¿Tienes pupa? ¡Que yo te quiero mucho!

Tras esas palabras, ella se olvidó del dolor y una lágrima de alegría recorrió todo su rostro… Ella aprendió algo de él, aprendió a ser más fuerte; y aprendió que si una persona se cae, se puede levantar de nuevo y volver a empezar de cero. 

viernes, 3 de junio de 2011

A veces te siento cerca...en otras ocasiones, ausente...

Al principio, todo era muy difícil, me sentía sola y perdida…todo había llegado tan de repente que no sabía cómo reaccionar y sabía que muchas cosas, inevitablemente, iban a cambiar. Notaba como el tiempo se había detenido y ahí estaba yo, intentando buscar una aguja en un pajar.

Al estar sola, gritaba por si alguien podía venir a rescatarme. Al principio, gritaba, pero nadie me escuchaba. Unos meses después, sentí que algunas personas me escuchaban y trataban de encontrarme. De esas personas, muchas me seguían buscando y no pararon hasta encontrarme. Otros directamente escucharon el grito y continuaron su camino; eso es lo que me hizo darme cuenta de que con ellos me equivoqué…

En cambio, a todos aquellos que supieron esperar, que supieron encontrarme y se preocupan de que no me vuelva a perder…gracias. Con el tiempo he llegado a encontrarme a mi misma y he empezado a vislumbrar un pequeño rayo de luz, un rayo de esperanza. Esa salida nunca la hubiera podido encontrar yo sola.

Es una herida abierta que creo que siempre, en mayor o menor grado, seguirá abierta...

martes, 24 de mayo de 2011

...*



Sentada en el tejado, mirando la puesta de sol, encontramos a la protagonista de esta historia. Siempre que tenía una preocupación se sentaba en el tejado y mientras miraba la puesta de sol, su cabeza le daba vueltas todo el rato a una única cosa. Ese sentimiento que tenía no le dejaba continuar y la impotencia de no saber cómo seguir, de no saber hacia dónde dirigirse la quemaba por dentro. El problema que tenía era de fácil solución, pero ella no se creía capaz de resolverlo porque requería mucho esfuerzo y no se sentía capacitada para realizar dicho esfuerzo.

Desgraciadamente, mientras ella estaba triste y le daba vueltas a su problema sin intentar siquiera resolverlo, no se daba cuenta que la vida seguía, y la vida no te espera, eres tú el que tienes que ir detrás de ella; el resignarse a vivir así y el no continuar significa dejar la vida pasar.

En cambio, dentro de su corazón sentía que era capaz de hacer lo que ella se propusiera; pero seguía bloqueada y no podía seguir. Un día decidió que no quería volver a subir al tejado porque sólo le traía malos recuerdos, recuerdos tristes en su mayoría. Por tanto, decidió buscar un nuevo sitio al que ir sólo cuando las cosas fueran bien.

El sitio que eligió era su parque favorito, se le podría considerar como su segunda casa. Allí pasaba todas las tardes desde que era pequeña, ahí aprendió a montar en bicicleta;  y en el tobogán que había junto a los columpios, se cayó por primera vez. Ella recuerda bien ese momento, se cayó y se echó a llorar; al rato se preguntó por qué lloraba si en el fondo sabía que, aunque se había hecho daño, estaba bien y podía seguir jugando; y eso hizo, seguir jugando. Esa es la razón por la cual decidió dirigirse a ese parque sólo cuando las cosas le fuesen bien, porque es un lugar que le trae recuerdos felices, recuerdo felices que nunca quería perder.

Durante los tres primeros meses no pisaba el parque porque las cosas no le iban bien. Un día, cuando por fin logró resolver su problema, volvió al parque y se sentó en un banco y empezó a reflexionar. Se sentía de la misma manera que cuando se cayó aquel día del tobogán. Pensó, ¿por qué lloro si mi problema tenía fácil solución? Y por fin llegó a la conclusión de que todo esfuerzo tiene su recompensa; nadie te dice que todo esté perdido, nadie te dice que no puedas ganarlo todo.

lunes, 2 de mayo de 2011

^^

Era una tarde de primavera, las rosas flores de los almendros pintaban las calles, las mimosas estaban más bonitas que nunca. Todo iba bien pero yo me encontraba mal, me dolía la pierna y empecé a cojear y a llorar. En un banco me senté porque no sabía qué camino escoger, necesitaba tomar aire antes de seguir hacia delante, no podía seguir el camino yo sola. 

Me dí cuenta que a lo largo del camino mis huellas se habían marcado en el suelo. Esas huellas eran una metáfora de todo lo que había ocurrido. Con lágrimas había dibujado sentimientos pero con risas fijé el camino.

Al fondo vislumbré una sombra, era familiar...pero no logré definir bien su cara. Esa sombra estaba sentada en un banco lejano, al frente. Pude verificar que se trataba de una mujer; esa mujer tenía una expresión dolorida, pero se levantó y se fue, con una expresión de dolor contenido y con lágrimas en los ojos. Ví como me miraba antes de irse; pero yo me quedé sentada en el banco, sola, pensando. 

Al rato me di cuenta que aquella mujer se había sentado a mi lado sin yo darme cuenta. Me vió con los ojos rojos y la cara llena de lágrimas y me cogió la mano. Me quedé extrañada porque en sus ojos vi que había empezado a llorar de nuevo, lloraba porque yo también había llorado; en el fondo le dolía verme llorar. Ella empapada en lágrimas dijo que con el tiempo las lágrimas se secaban y desaparecían...que el tiempo pone cada cosa en su lugar y que no llorara más...

Me escocían los ojos de tanto llorar, por esa razón no podía definir bien su cara. Pasaron unos minutos y ya podía ver. Ansiosa me giré para ver quién era esa mujer, pero...no estaba...se había ido sin darme cuenta; pero el caso era que sus palabras hicieron que la rodilla me dejara de doler.

Pero, ¿fue todo una ilusión o fue real?
Yo sabía que era real, estaba segura, segurísima...pero tenía una pregunta. ¿Por qué no me dejó agradecerle su ayuda?¿Por qué me ayudó y se fue?


Porque una madre nunca pide nada a cambio..*