miércoles, 20 de junio de 2012

Yo, me, mi, conmigo...*


Mi vida es como un cuadro, la gente se acerca para mirarlo y tratar de entender qué es lo que hay detrás de él, el qué nos quiere transmitir. Hay muchas formas de mirarlo, desde lejos, desde muy cerca, de lado, etc. Cada una de esas perspectivas te da un punto de vista distinto. En el cuadro aparece una chica descalza caminando por la playa mirando el cielo porque está a punto de amanecer. El cielo está pintado de colores oscuros a la par que pequeños detalles de colores vivos para expresar que está amaneciendo. El cielo está un poco nuboso pero esas nubes dejan que traspasen rayos de luz. También se puede apreciar que hay otra persona a su lado pero no vemos su cara porque está mirándola y sólo vemos su nuca. Mientras tanto ella hace un amago de acercar su mano a la de aquella persona.  Ella viste de blanco y eso la hace destacar entre el cielo oscuro y el agua oscura del mar.

Yo veo a una chica que está en el sitio más abierto en el que puede estar, el mar se une con el cielo y la playa no parece tener final. No hay límite, el límite lo marca ella, cuando quiera dejar de caminar lo hará. Ella desea ser libre, sentir la brisa del mar en su cara, decidir dónde quiere ir y qué pasos quiere hacer. Está descalza porque no tiene nada que esconder y no tiene miedo de lo que pueda pisar. Esos pasos se quedarán marcados en la arena durante unos minutos para marcar que ella una vez estuvo ahí pero que siguió hacia delante. Está amaneciendo porque el amanecer es el principio del camino. El cielo, a pesar de estar lleno de nubes, son nubes dispersas y sabemos que esas nubes se irán y los rayos de sol son la esperanza de vencer a las nubes para que haya un día despejado. Va vestida de blanco porque quiere destacar entre los demás, muestra la ambición de querer vencer al cielo. Pero, ¿Quién es la persona que va a su lado? Esa persona es la que la acompañará en su camino, la acompañará hasta que ella se canse de andar. Aún no tiene cara porque no sabe realmente quien será. Aunque, por otro lado, esa figura está moldeada cuidadosamente, por lo que por el momento sabe quién quiere que sea.

El cuadro lo hice yo y aquella chica vestida de blanco también era yo, quería plasmar quien soy de verdad. El cuadro no está bien pintado porque básicamente no sé pintar bien. No sé pintar bien porque sé que no soy perfecta, nadie es perfecto. La perfección para mí no existe, es algo que un jurado no puede marcar, no se puede  puntuar la perfección. La perfección la marca uno mismo comparando todo lo que ha hecho en su vida y comparado con todo lo que he hecho en mi vida, sin duda, esto es lo que mejor he hecho. Uno mismo también marca el límite de su camino, sólo uno mismo sabe cuantos pasos es capaz de dar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario