Tengo miedo. Para mí el miedo
es un sentimiento pesimista que he experimentado en varias ocasiones y es una
sensación que últimamente ronda mucho por mi mente. Tengo miedo de algo que no
puedo controlar, es algo que siempre se me va de las manos; y cada vez que
pienso en ello mi corazón se acelera solo. Antes, tapaba este miedo detrás de
una falsa sonrisa. Físicamente sonreía mientras que mi corazón lloraba de
impotencia. Tras levantarme todos los días con malas noticias, empecé a ver que
el tiempo se paraba porque nada cambiaba, ayer era igual que hoy. Todo se
convirtió en rutina y mi corazón se llenó de falsas promesas y de pesimismo. El
pesimismo se impuso como niebla ante mis ojos, era incapaz de ver la realidad.
En este camino estaba sola porque los que podían ayudarme no lo hacían;
mientras que los que querían ayudarme no podían hacer nada. Caminaba sola por
la niebla, sin rumbo y sin poder ver mi destino, cualquier paso podría hacerme
retroceder y tener que volver a dar los pasos que un día hiciste es lo peor que
te puede pasar.
Un
día apareció un rayo de luz en mi camino, una luz para aclararme el camino.
Pude ver mi camino y el paisaje que me rodeaba. Observando el paisaje me di
cuenta de que no había avanzado nada, de hecho, había retrocedido aún más. Vi
como en la lejanía se acercaba un grupo de personas. Eran las personas que
querían ayudarme pero no podían. Me miraron a los ojos y dijeron: “Sé que no
podemos ayudarte con tu problema, pero hay una cosa en la que realmente sí podemos
ayudarte”. Mi cara se iluminó porque empecé a sentir esperanza y rápidamente
pregunté en qué podían ayudarme. Ellos respondieron diciendo: “Prométenos
sonrisas verdaderas y no ocultes la verdad tras una máscara. Sabemos que no
tienes más alternativa que hacer este camino sola, pero podemos darte un abrazo
para que sepas que, de un modo u otro, estaremos ahí siempre”. Tras decir estas
palabras, todos me abrazaron y uno de ellos me dio un sobre también. Cuando vi
que ya no estaban, miré extrañada aquel sobre y la curiosidad me hizo abrirlo.
Había una foto de ellos y por detrás había una nota que decía “tienes toda la
fuerza para salir adelante”. Tras leer la nota sonreí, fue mi primera sonrisa
verdadera.
Sí
pudieron hacer algo por mí, no pueden resolver mi problema pero sí darme un
empujón para no rendirme y que las sonrisas falsas desaparecieran por siempre. Seguí
caminando pero esta vez con una sonrisa en la cara. En la actualidad, mi
corazón sigue llorando, a veces de impotencia pero otras de alegría. Sé que
algún día llegaré al final de este camino. He retrocedido muchas veces porque en
muchas ocasiones no tengo la paciencia suficiente y mientras me derrumbo,
retrocedo. No dejes que el pesimismo te invada, ese fue siempre mi mayor error.
Sigo conservando aquella foto con la nota por detrás. Ayer la busqué y volví a
leerla, pero esta vez el mensaje había cambiado, ya no había nada escrito
porque las letras se habían borrado con el tiempo. Las letras se borraron
porque en el fondo siempre supe que tenía toda la fuerza para salir adelante
pero no recordaba dónde estaba, ya no necesitaba que ninguna nota me lo
recordara y volví a sonreír de nuevo.
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