domingo, 4 de noviembre de 2012

Just keep going...*


Tengo miedo. Para mí el miedo es un sentimiento pesimista que he experimentado en varias ocasiones y es una sensación que últimamente ronda mucho por mi mente. Tengo miedo de algo que no puedo controlar, es algo que siempre se me va de las manos; y cada vez que pienso en ello mi corazón se acelera solo. Antes, tapaba este miedo detrás de una falsa sonrisa. Físicamente sonreía mientras que mi corazón lloraba de impotencia. Tras levantarme todos los días con malas noticias, empecé a ver que el tiempo se paraba porque nada cambiaba, ayer era igual que hoy. Todo se convirtió en rutina y mi corazón se llenó de falsas promesas y de pesimismo. El pesimismo se impuso como niebla ante mis ojos, era incapaz de ver la realidad. En este camino estaba sola porque los que podían ayudarme no lo hacían; mientras que los que querían ayudarme no podían hacer nada. Caminaba sola por la niebla, sin rumbo y sin poder ver mi destino, cualquier paso podría hacerme retroceder y tener que volver a dar los pasos que un día hiciste es lo peor que te puede pasar.

Un día apareció un rayo de luz en mi camino, una luz para aclararme el camino. Pude ver mi camino y el paisaje que me rodeaba. Observando el paisaje me di cuenta de que no había avanzado nada, de hecho, había retrocedido aún más. Vi como en la lejanía se acercaba un grupo de personas. Eran las personas que querían ayudarme pero no podían. Me miraron a los ojos y dijeron: “Sé que no podemos ayudarte con tu problema, pero hay una cosa en la que realmente sí podemos ayudarte”. Mi cara se iluminó porque empecé a sentir esperanza y rápidamente pregunté en qué podían ayudarme. Ellos respondieron diciendo: “Prométenos sonrisas verdaderas y no ocultes la verdad tras una máscara. Sabemos que no tienes más alternativa que hacer este camino sola, pero podemos darte un abrazo para que sepas que, de un modo u otro, estaremos ahí siempre”. Tras decir estas palabras, todos me abrazaron y uno de ellos me dio un sobre también. Cuando vi que ya no estaban, miré extrañada aquel sobre y la curiosidad me hizo abrirlo. Había una foto de ellos y por detrás había una nota que decía “tienes toda la fuerza para salir adelante”. Tras leer la nota sonreí, fue mi primera sonrisa verdadera.

Sí pudieron hacer algo por mí, no pueden resolver mi problema pero sí darme un empujón para no rendirme y que las sonrisas falsas desaparecieran por siempre. Seguí caminando pero esta vez con una sonrisa en la cara. En la actualidad, mi corazón sigue llorando, a veces de impotencia pero otras de alegría. Sé que algún día llegaré al final de este camino. He retrocedido muchas veces porque en muchas ocasiones no tengo la paciencia suficiente y mientras me derrumbo, retrocedo. No dejes que el pesimismo te invada, ese fue siempre mi mayor error. Sigo conservando aquella foto con la nota por detrás. Ayer la busqué y volví a leerla, pero esta vez el mensaje había cambiado, ya no había nada escrito porque las letras se habían borrado con el tiempo. Las letras se borraron porque en el fondo siempre supe que tenía toda la fuerza para salir adelante pero no recordaba dónde estaba, ya no necesitaba que ninguna nota me lo recordara y volví a sonreír de nuevo. 

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