viernes, 12 de octubre de 2012

Tal vez un "¡Qué ilusión saber de ti!" sea suficiente para todos…*


Me siento en mi jardín, sobre el duro asfalto que me vio crecer  y bajo el cielo que observó todos mis pasos. Siento cómo llaman a la puerta, me deleita el dulce sonido del puño golpeando la puerta de madera. Por la manera de llamar a la puerta sabía de quién se trataba. La pregunta siempre era la misma: “¡Sorpresa! ¿Qué tal estás?¿vienes a jugar con nosotros?” Y la respuesta siempre era la misa: “¡Qué ilusión verte!¡Sí, por supuesto!” Corríamos y jugábamos sin preocupación. Llenábamos el tiempo de risas y no había nada que nos pudiese distraer. Cada vez que volvía a casa miraba el buzón viendo si alguien había dejado algo para mí.

Ahora el tiempo ya ha cambiado y todos nos hemos adaptado gustosamente a nuevos cambios. Ya nadie llama a mi puerta. Ya no oigo cómo el puño golpea mi puerta de madera; y cuando creo que es así es porque un árbol ha golpeado mi ventana con sus ramas. Ahora lo que oigo es un “bip-bip” o lo que yo quiera oír, porque tengo la oportunidad de escoger la melodía que quiera. Mis ojos se posan delante de la pantalla y se limitan a leer: “¡Hola, cuanto tiempo! ¿Qué tal estás?” Ahora no me hace falta verte para saber cómo estás. Ya no puedo percibir tu estado de ánimo, antes lo podía saber por cómo llamabas a la puerta, pero ya no. Ya tampoco es especial recordar la fecha de tu cumpleaños porque esa información la puede tener cualquier persona.

Nos seguimos viendo, nos seguimos queriendo, pero de manera distinta. Ahora hay un muro entre nosotros, una pantalla que aunque es útil, a veces hace innecesario que nos veamos. A veces con “leernos” es suficiente. Podemos “leer” a mucha gente de diferentes rincones del planeta al mismo tiempo, algo que no está nada mal para aquellos que están muy lejos de nosotros. Pero siento que ya no apreciamos tanto lo que tenemos delante. Ya la cara no es del todo el reflejo del alma. Me gustaba cómo venías corriendo a mi casa para decirme las cosas importantes y me gustaba que dijeras “¡Qué ilusión verte!” Pero ahora lo único que puedo esperar muchas veces es un “¡Qué ilusión leerte!”

lunes, 8 de octubre de 2012

Fix a heart...*


A veces nos sentimos encerrados entre cuatro paredes, paredes que nos resguardan y nos evaden de la realidad. No queremos abrir la puerta por miedo a lo que puedan decir y a lo que pueda acontecer. Sólo nos queda pensar y a veces cuanto más piensas es peor. El gotelé de las paredes parecen caer al igual que tus lágrimas se deslizan por tus mejillas. Crees que lo has perdido todo, que no hay nada esperando por ti allá fuera y en eso estás equivocado. Todos estos pensamientos nos vienen a la cabeza cuando notamos un cambio en nuestra vida, un mínimo cambio puede dar un vuelco a todo lo que creemos.

Tienes miedo a que las cosas cambien porque lo más cómodo es estar como antes y no tocar nada. Miras la vida pasar y no te das cuenta de que el tiempo pasa; amanece, atardece; y tú siempre en el mismo lugar con la misma postura. Veo cómo miras a todas partes sin fijar la mirada en un sitio. “Cambio” no significa “miedo”. “Cambio” es recordar que estamos vivos y que todo permanece en constante movimiento. La felicidad cambia constantemente pero podemos llegar a alcanzarla. La tristeza también está en constante movimiento pero podemos llegar a adivinar sus movimientos para ganarla. Todos los sentimientos van y vienen. Algunos permanecen y se van consolidando con el tiempo. Mientras que otros deben desaparecer, porque es lo mejor para continuar.

A veces nos toca reír, otras llorar, nada es justo. Para reír hace falta llorar; al igual que para ganar hay que saber perder. Hay cambios que te harán desparecer del mapa de algunos; pero otros te harán aparecer en nuevos mapas. “Cambio” es “tiempo”. Destroza esas cuatro paredes, sal y tómate tiempo para sentir de nuevo que sigues vivo. Cuando todo lo malo ha llegado, cuando nada puede ir peor, significa que a partir de ahora todo lo que llegue será bueno.