El día se ha presentado bastante agridulce. Hoy podría
contar todas mis desgracias pero no lo voy a hacer. Las desgracias pasaron a un
segundo plano, por lo menos en el día de hoy. Hoy podría llorar de impotencia o
de tristeza, tengo motivos suficientes, pero hoy me merezco ser feliz.
Hoy voy a estar feliz. Hoy ha llegado una carta para mí, una
carta que llevo esperando desde hace más de un lustro. Es una carta de
esperanza que me permite rozar el cielo con la yema de los dedos. Cada día
estoy más cerca.
Un torbellino de sentimientos y un mar de lágrimas al
releer. ¿Por qué? Porque, joder, me lo merezco. Una tormenta de más de un
lustro se merece un poco de tranquilidad. Hoy es el comienzo de una nueva etapa
en mi vida y creedme, no la voy a desaprovechar.