viernes, 1 de noviembre de 2013

Viva la vida...*

Creen que soy un barco de papel hundiéndose en un mar de lágrimas. Desde hace tiempo mis lágrimas se secaron aunque de vez en cuando vuelven para recordarme que no soy de piedra. Dicen que no es bueno recordar los malos momentos pero eso ha sido lo único que me ha hecho avanzar. Los malos momentos siempre se convierten en lecciones. Felicidad y tristeza siempre han sido indirectamente proporcionales. El corazón es una caja fuerte de sentimientos aunque muchos de ellos luego se reflejan en nuestros rostros. A todos nos duelen cosas diferentes y muchas personas se han aprovechado de ello para hacer sufrir a los demás.

Esta mañana dije “me rindo”, por la tarde susurré un “puedo” y por la noche te miré a los ojos y te dije claramente un “lo haré”. En muchas ocasiones mientras caminamos nos perdemos buscando una calle. Cuando nos enteramos de que la calle está cortada no sabemos qué hacer y nos quedamos allí esperando a que alguien nos pueda ayudar. Puede que seas afortunado y te puedan ayudar, pero hay ocasiones en las que te quedas en esa calle cortada solo, buscando respuestas en tu mente. Me hallo perdida en una rotonda. Todo lo bueno y lo malo pasa ante mi constantemente. La felicidad tiene que ceder el paso a la tristeza y viceversa. Una va detrás de la otra, nunca se podrán enfrentar por lo que algún día habrá que cometer una locura para que ambas se enfrenten y acabe ganando una durante una temporada. Cuando el mundo se me cae encima, cuando la tristeza me ciega  me pregunto si realmente todo lo que hago me aporta felicidad y todo eso me hace volver a ver. Encuentro la felicidad en un cálido abrazo en una tarde de invierno, con un beso en una noche de verano, con una caricia en una mañana de primavera y con una sonrisa en un mediodía de otoño.

Leer un libro que te haga realmente pensar, darte cuenta de que sabes mucho pero que aún te queda mucho por aprender, ver películas en compañía, reír sin motivo alguno, tararear canciones, tener el poder de hacer a alguien reír, pasear por el campo en un día de lluvia y no llevar paraguas, alegrarte por la felicidad de otros, escuchar tu canción favorita en la radio, que en la discoteca pongan la canción que llevabas esperando toda la noche, que a la gente le guste lo que escribes, ser la primera en dejar la huella de tus botas en la nieve, completar un crucigrama entero, ponerle melodía a esa canción que escribiste, pensar que hoy puede ser mejor que ayer, ayudar a una persona con tus conocimientos, la sensación que provoca el trabajo bien hecho, sentirse querido por varias personas, amar y ser correspondido, que esas personas que te quieren sigan dedicándote horas de sus vidas, que se acuerden de tu cumpleaños sin darle las gracias a internet y que vengan a visitarte en vez de escribirte. Todas estas cosas y muchas más son Felicidad.


A todo lo mencionado anteriormente puedes decir “obvio”, tal vez “menuda tontería”, tal vez reírte de ello o tal vez sentirte identificado con alguna de ellas. A cada persona le llena cosas diferentes. Supongo que todas estas cosas son las que te ayudan a enfrentarte a una situación complicada, a superar algo o simplemente te recuerdan que detrás de esa tristeza existe la felicidad, que detrás de la tempestad está la calma. Felicidad, siempre efímera, no la puedes ver pero sí sentir, no es algo eterno pero su ausencia nos hace darnos cuenta de lo que realmente necesitamos y lo afortunados que somos de poseerla por una temporada. 

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