Ella era vergonzosa hasta para mirar a los ojos de amigos y
gente con la que trataba todos los días. Sus ojos pocas veces conectaban con
los de sus oyentes. Muchas veces ellos se perdieron una mirada de amor, una
mirada de esperanza o incluso una mirada de tristeza por ponerle una venda a
sus ojos. Sus ojos eran reflejo de su realidad, reflejo que bloqueó con el tono
mate del color del suelo. Un día se le ocurrió mirarse a los ojos frente al
espejo, ahí ya no podría esquivar su mirada. Ella sola lloró cuando se enfrentó
a ese espejo porque vio una mirada llena de frustración en busca de ayuda.
Tiene unos ojos realmente bonitos, no por su color sino porque podían llegar a
transmitir sentimientos intensos. Con una mirada te podía descomponer a la par
que podía iluminar el mundo de otras personas. Son unos ojos que no todo el mundo
tenía la suerte de contemplar.
Un día una persona se cruzó con ella y mantuvieron una
conversación. Él se sintió atraído por ella desde el instante que la vio. Éste
se dijo que si un día conseguía que ella le mirara a los ojos, sólo si él
conseguía ver lo que había detrás de esa mirada, la besaría para no alejarse de
ella. Él sabía de sobra que su mirada guardaba una gran verdad, una verdad que
quería ocultar a todos. Se fueron haciendo muy amigos y él sentía que cada día
la quería más y más y fueron compartiendo todos sus pensamientos:
_ Esto es muy difícil, ojalá hubiésemos nacido sabiendo.
_ No seas impaciente, ya lo lograrás.
_ No quiero que llegue el atardecer, marca un día perdido y
un día menos para que llegue la fecha. Cada día cuenta.
_ Mírame a los ojos y respóndeme sinceramente, ¿tú piensas
que realmente podrás lograrlo?
Ella miró al suelo y no respondió. Sin embargo, él añadió:
_ Bueno, quien calla otorga. ¿Sabes qué? Ojalá creyeses en
ti de la misma forma en la que creo yo
en ti. Te conozco, sé que siempre has dado mucho y la gente se espera mucho de
ti. Por eso tienes miedo de cometer un error, de fallar y por ello tu vida está
llena de presión. Creo que ha llegado un momento en el que no sabes cómo
manejar las situaciones pero aún así, sigues luchando para que pequeñas cosas
no te afecten.
Se limitó a no responder, guardó silencio durante varios
minutos. Mientras, en los papeles sobre los que escribía el título “Mis
objetivos” se empezaron a empapar. Dejó pasar cinco minutos y por fin decidió
alzar la mirada y mirarle a los ojos. Sus ojos lloraban lágrimas llenas de
verdad y su mirada le contó el resto. Aún llorando, nadie podía negar la
belleza de esos ojos marrones. De hecho, en esta ocasión estaban más bonitos
que nunca porque no hay nada que deleite más que la verdad. Sobraron las
palabras y en ese momento él cumplió la promesa que se hizo a sí mismo.
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