lunes, 25 de noviembre de 2013

The heart never lies…*

Se enamoró de la persona más imperfecta habida y por haber. Curiosamente, su imperfección le hacía sentirse completa. Nunca dejaría marchar a su tesoro más preciado. Se sentía esperanzada, agradecida por como él había sido con ella, feliz por compartir una vida con esa persona y orgullosa por cómo los dos iban creciendo juntos compartiendo sueños. Él también era imperfecto e iba en busca de una persona que pudiese completar sus imperfecciones haciéndole perfecto. Era la pieza perdida de su puzzle. Dos piezas que encajan perfectamente formando uno de los más bellos paisajes de un mundo imperfecto.

Al amor no se le puede poner definición, no le pongas límites a un sentimiento poniéndolo en un diccionario. Cada uno lo siente de una manera dependiendo de quien se trate: empatía, enfado, decepción pero siempre acaba ganando la alegría y la felicidad, siempre.  Los problemas se arreglan y los buenos momentos superan a los malos. Da igual el lugar lo que importa siempre es la compañía. La confianza es el pegamento que nos mantiene unidos, si mantienes viva la confianza, seguramente nunca se despeguen.


Es esa persona que te recuerda que cada día es una nueva oportunidad para demostrar al mundo todo lo bueno e imperfecto que eres. Esa persona que te anima a seguir volando, que te regala sonrisas aunque haya tenido un mal día y que no teme abrirte los ojos cuando sea necesario. Ese tipo de personas son las que merecen un hueco en nuestra vida, son el epicentro de nuestra felicidad. Miró el reloj, las 17:30. Su imperfecto rostro esbozó una de las sonrisas más perfectas jamás vistas. Era la misma sonrisa que esbozó hace seis años y medio. 

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