Me acostumbré a ganar en el pasado, pero la vida me enseñó
lo que significa fracasar desde temprana edad. Fracaso, éxito, fracaso,
fracaso, fracaso, éxito. Así es la vida. Ahora me ha tocado fracasar, fracasar,
fracasar y fracasar. He fracasado de manera abominable. Di lo mejor de mí, me
he esforzado mucho y aún así he fracasado en muchos sentidos. Sería un buen
momento para rendirme, sería el camino más fácil. En cambio, nunca me ha
gustado el camino fácil. Me encuentro sola en este camino de frustración e
incertidumbre.
Por otro lado, en muchas ocasiones, otras personas me han
complicado más el camino. Respiro hondo, seco mis lágrimas con la manga de la
camisa y sigo caminando. Ignoro esas palabras. Acciones que duelen pero están vacías
de contenido. Mientras muchas puertas se cierran detrás de mí, sé que otras se
abrirán. Hoy no me voy a lamentar por el pasado, seguiré dejándome la piel. Hoy,
no sé cómo, me llenaré de fuerza para continuar. Sé hacia que dirección tengo
que caminar, lo único que no sé es cómo volver a levantarme. Éste no es el
final, tengo esperanza, por eso me levanto. Sé que si no lo hago yo, nadie lo
hará por mí. Siempre caí en las garras del pesimismo pero sé que el optimismo
es parte de la solución. Espero que el fracasar se convierta en un obstáculo
posible de superar y que el éxito sea una recompensa posible de alcanzar.
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