domingo, 26 de enero de 2014

Unbroken...*

Cuando una palabra, “Segmento del discurso unificado habitualmente por el acento, el significado y pausas potenciales inicial y final”,  puede cambiar el mundo. Una palabrota pronunciada por una determinada persona puede hacer una herida muy profunda, una herida más profunda que la que un puñal probablemente pueda hacer. “Si” o “no”, palabras que juegan con nuestro corazón a su antojo por su cantidad de significados según el contexto. “Siempre” y “nunca”, cuyo significado perdura en el tiempo, da igual los días que pasen, da igual lo que ocurra, no puedes cambiar los hechos. Cuando las palabras “posible” e “imposible” no son antónimas; ya que siempre puedes coger un atajo para hacer una acción factible aunque de una manera diferente. Sólo tienes que tachar el “im” en “imposible”. Cuando descubres que la magia existe porque ves que a base de “difíciles” consigues “fáciles”.

Cuando ves que la vida se pierde en una sopa de letras. Primero te enseñan a leer, a comprender el significado principal de un texto y poco a poco, vas aprendiendo que cada palabra tiene un significado oculto, distinto al que siempre tiene.  Empiezas a leer entre líneas, pero luego cada uno tenemos nuestro propio texto. Un texto en el que cada palabra simboliza algo: metáforas, símiles, comparaciones, etc. Cada palabra tiene un significado oculto que podría ser un atajo, o tal vez un laberinto. Todas estas palabras se hayan guardadas en un diccionario porque la gran mayoría las utiliza. Esto muestra que no somos tan distintos: vivencias similares y en muchas ocasiones mismas lecciones y mismos errores. Este libro demuestra que a veces podemos ayudarnos unos a otros pero también que es muy fácil que todos tropecemos con la misma piedra.

Ojalá fueran de esos días especiales en los que la gente hablase para corregir sus errores. Esos días en los que es más fácil perdonar. Esos días en los que la alegría predomina a la ira, al enfado. Esos días en los que eres capaz de tragarte tu orgullo para hacer feliz al que más se lo merece. Ojalá fueses una de esas personas que no temen decir “perdón” cuando es necesario. Ojalá nunca hubieses modificado las palabras del resto ordenándolas a tu favor. Somos dueños de nuestras palabras, palabras que a través del arrepentimiento tal vez hubieses podido modificar. Siento que has tatuado palabras en mi piel, palabras que me hacen débil y que están a la vista de todos: “Vulnerable” y “frágil”. No importa, yo hace tiempo que me tatué otra que no está a la vista de nadie para que no sea modificada: “Irrompible”.


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