domingo, 12 de enero de 2014

El regalo más grande...*

Puedes regalar muchísimas cosas dependiendo de lo que pese tu monedero. Sin embargo, yo soy un poco más extraña y pienso que los regalos materiales no son los mejores. Hay cosas que sólo puedes regalar en un momento pero esos segundos los disfrutas como si de un regalo eterno se tratase. Me gusta regalar sonrisas y ver cómo la gente las recibe y me las devuelven. Recuerdo aquella vez en las que te saqué unas lágrimas de alegría: ese es el momento en el que mi felicidad se nutre de la tuya. Recuerdo ese abrazo tras una larga temporada sin verse, un momento en el que sientes que tu pieza perdida volvió a su sitio. Recuerdo el primer regalo artesanal que te hice, esos regalos totalmente personalizados en los que plasmas qué es lo que te gusta de esa persona. Recuerdo la primera postal que te escribí, esa postal que, al igual que el resto, dicen un “te quiero” con una imagen en la que faltabas tú. Sin embargo, el regalo más grande es cuando recibes un “te quiero”: Dos palabras que no son fáciles de decir, dos palabras que sólo salen alma y no hay razonamiento, sólo sentimiento. Son dos palabras que muy pocas personas reciben pero que una vez que salen de la boca no se pueden olvidar. Es sin duda el regalo más grande y caro porque, por mucho que pese tu monedero, no les puede poner un precio. Dos palabras que nunca estarán en oferta de 2x1, que nunca podrás pagar una y llevarte dos; y lo más importante, dos palabras que nunca van a “estar disponibles hasta fin de existencias” porque éstas nunca desaparecen. 

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