sábado, 14 de septiembre de 2013

Words...*

Buscó ese libro que ella sólo sabe dónde está y se tumbó en la cama para hojearlo. Mirando los últimos 365 capítulos encontró varias páginas subrayadas. Entre capítulos había algunas hojas que estaban empapadas y otras medio arrancadas y arrugadas. En todas esas hojas deterioradas estaba siempre la misma palabra subrayada, “salud”. Pasaba las hojas y vio que algunas hojas eran de color verde y con olor a libro recién comprado. En esas hojas se había escrito exactamente lo mismo que en aquellas hojas empapadas y rasgadas. Inmediatamente buscó si la palabra “salud” también estaba subrayada en aquellas páginas intactas verdes. Sorprendida, vio que esa palabra no estaba subrayada, las palabras que estaban subrayadas eran “convivencia”, “paciencia” y “superación”.

Se quedó sorprendida cuando vio que más de la mitad de los capítulos no hablaban de ella, sino de otras personas. Ella pensó que 300 capítulos eran demasiados para haberlos dedicado a otras personas. Se sintió estúpida por un momento pero sacó el lado positivo a esas páginas: de todas aquellas historias aprendió algo nuevo. A veces la gente es cruel sin motivo, no todo el mundo es sincero cuando debe serlo, los hay valientes que son dignos de admirar y los hay cobardes que merecen nuestra ayuda. Se dio cuenta de que le había dedicado más tiempo a los demás que a ella misma. Otra vez se sintió estúpida. Había sido egoísta consigo misma.

De los capítulos 301 al 320 se dedicó a narrar todas aquellas historias que no merecieron la pena. Favores y detalles que nunca fueron recompensados o agradecidos. Del capítulo 321 al 330 contó las historias que la inspiraron y la emocionaron. Era una recopilación de todas esas historias y sentimientos que le gustaría revivir como si fuese de nuevo la primera vez. De los capítulos 331 al 340 carecían de sentido. No existían los puntos aparte ni los puntos seguidos. No había comas. Sólo había palabras que en su conjunto no tenían sentido. Todo se asemejaba a una sopa de letras en la que el lector tenía que buscar todas las palabras que pudiese, sólo así esos capítulos tendrían sentido. Eran pensamientos perdidos que tenían que ser encontrados. La mayoría de las personas no se molestan en leer esos capítulos pero ella comprendió que eran los más importantes: esas son las pequeñas cosas que el ser humano no se molesta en recordar y apreciar. El libro se terminaba, sólo quedaban 25 capítulos. Todos esos capítulos eran sobre pensamientos profundos. Eran hojas negras. Al tacto comprobó que había algo escrito pero no se podía ver. Por el tacto supo que eran capítulos escritos con letra negra de tamaño 2. Eran todas esas cosas que el corazón siente pero que nunca dice en voz alta.


Terminó el libro. En esas páginas se había narrado de todo, tristezas y alegrías. Al final daba igual la textura o el color de las páginas, todo formaba parte de ella. Lo bueno y lo malo. Ayer guardó ese libro en la estantería junto a otros 21 libros. Hoy empezó uno nuevo al que le cambiará la estructura pero hay algo que nunca podrá hacer, nunca podrá elegir el argumento de su historia.

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