Se me rompió el corazón cuando su mujer me confesó: “le
detectaron cáncer y ya no se puede hacer nada, ya es demasiado tarde”. Ella no
quería mencionar aquella palabra, ella no quería marcar el punto final a la
vida de su marido diciéndola. Mi alma se rompía mientras me detuve a saludarle.
Procuré mantener la compostura, le miré a los ojos y él me devolvió una
sonrisa. Ojos sinceros que contenían lágrimas de alegría y de tristeza. A pesar
de conocer su destino sabía echarle humor a la vida aunque sé que en la
intimidad a veces el mundo se le venía abajo. Él me ayudó a abrir los ojos y a
no dar por hecho de que tengo toda la vida por delante. Me dijo que exprimiera
cada segundo y que cada segundo lo dedicase a hacer algo que realmente me
guste, a hacer algo bueno para mí y para los demás. Él está exprimiendo todos
sus segundos en venir a ver el mar y en disfrutar del paseo marítimo junto a
sus grandes amigos. Ha sido fiel a ese mar durante treinta años y ese año no podía
ser menos. Está haciendo todo lo que le da vida, lo que le ayuda a estar mejor.
Lo peor de todo fue cuando llegó el momento de despedirme de él y de aquella
playa. Recordé las palabras que me dijo por lo que invertí veinte segundos en
darle un abrazo, otros en cinco en darle un beso y otros cinco en una sonrisa.
Él nunca sabrá todo lo que me inspiró en tan poco tiempo.
Por otro lado, un día fui a visitar a una persona muy
querida:
_ ¡Nos has dado un buen susto! ¿Cómo te encuentras?
_ Ya dentro de poco estoy en casa. Aquí me tratan muy bien
aunque todas las máquinas de aquí son unas chivatas. ¡No se les escapa nada!
_ Para eso están, para que nos informen de todo.
_ ¡Muchas gracias por venir! ¡Ya estás hecha toda una
señorita!
_ Sí, ya han pasado muchos años pero hemos hecho un hueco
para poder venir a verte. Te echábamos de menos.
_ ¡Muchas gracias! Os lo agradezco mucho. ¿Sabes lo que
pasa? Ahora cada uno seguimos nuestro camino y lo más importante es que lo sigamos
y procurar no torcernos. Tienes que seguir tu camino sin pisotear el camino de
los demás. Recuérdalo.
Son dos personas totalmente diferentes pero me hablaron con
el corazón. Me dedicaron unos segundos de sus vidas para darme un consejo. Sus
palabras inspiradoras nunca caerán en el olvido pero las escribo para
compartirlas y para recordarme que, cuando me sienta triste, ellos se
preocuparon por mí. Ahora sé que la vida no se mide en años, se mide mejor en
segundos porque cada segundo cuenta. En un segundo tu vida puede cambiar por
completo: un “sí”, un “no”, una palabra desafortunada, la palabra más
apropiada, un tropiezo… Ahora también sé que ellos estarán orgullosos del
camino que escoja porque seguiré mi propio camino y no importará los segundos
que invierta porque siempre estarán bien invertidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario