domingo, 8 de septiembre de 2013

Never let me get me down…*

Se me rompió el corazón cuando su mujer me confesó: “le detectaron cáncer y ya no se puede hacer nada, ya es demasiado tarde”. Ella no quería mencionar aquella palabra, ella no quería marcar el punto final a la vida de su marido diciéndola. Mi alma se rompía mientras me detuve a saludarle. Procuré mantener la compostura, le miré a los ojos y él me devolvió una sonrisa. Ojos sinceros que contenían lágrimas de alegría y de tristeza. A pesar de conocer su destino sabía echarle humor a la vida aunque sé que en la intimidad a veces el mundo se le venía abajo. Él me ayudó a abrir los ojos y a no dar por hecho de que tengo toda la vida por delante. Me dijo que exprimiera cada segundo y que cada segundo lo dedicase a hacer algo que realmente me guste, a hacer algo bueno para mí y para los demás. Él está exprimiendo todos sus segundos en venir a ver el mar y en disfrutar del paseo marítimo junto a sus grandes amigos. Ha sido fiel a ese mar durante treinta años y ese año no podía ser menos. Está haciendo todo lo que le da vida, lo que le ayuda a estar mejor. Lo peor de todo fue cuando llegó el momento de despedirme de él y de aquella playa. Recordé las palabras que me dijo por lo que invertí veinte segundos en darle un abrazo, otros en cinco en darle un beso y otros cinco en una sonrisa. Él nunca sabrá todo lo que me inspiró en tan poco tiempo.

Por otro lado, un día fui a visitar a una persona muy querida:

_ ¡Nos has dado un buen susto! ¿Cómo te encuentras?
_ Ya dentro de poco estoy en casa. Aquí me tratan muy bien aunque todas las máquinas de aquí son unas chivatas. ¡No se les escapa nada!
_ Para eso están, para que nos informen de todo.
_ ¡Muchas gracias por venir! ¡Ya estás hecha toda una señorita!
_ Sí, ya han pasado muchos años pero hemos hecho un hueco para poder venir a verte. Te echábamos de menos.
_ ¡Muchas gracias! Os lo agradezco mucho. ¿Sabes lo que pasa? Ahora cada uno seguimos nuestro camino y lo más importante es que lo sigamos y procurar no torcernos. Tienes que seguir tu camino sin pisotear el camino de los demás. Recuérdalo.


Son dos personas totalmente diferentes pero me hablaron con el corazón. Me dedicaron unos segundos de sus vidas para darme un consejo. Sus palabras inspiradoras nunca caerán en el olvido pero las escribo para compartirlas y para recordarme que, cuando me sienta triste, ellos se preocuparon por mí. Ahora sé que la vida no se mide en años, se mide mejor en segundos porque cada segundo cuenta. En un segundo tu vida puede cambiar por completo: un “sí”, un “no”, una palabra desafortunada, la palabra más apropiada, un tropiezo… Ahora también sé que ellos estarán orgullosos del camino que escoja porque seguiré mi propio camino y no importará los segundos que invierta porque siempre estarán bien invertidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario