viernes, 19 de julio de 2013

I really don’t care…*

Ella llegó a odiarle. Extrañamente, sus decepciones consiguieron motivarla. La decepción no la desmotivó, la ayudó a continuar. A palabras necias, oídos sordos. Al empezar el día ella tomaba una taza de café mientras él decía: “No creo que puedas conseguirlo”. La dieron ganas de derramar la taza de café sobre su espalda pero no se dejó llevar por sus emociones. Se limitó a responder “Gracias” a cada palabra de desánimo y luego remontó demostrando que pudo hacerlo, que pudo conseguirlo. No le restregó victorias, se limitó a disfrutarlas por su cuenta. El otro jamás supo apreciar todo su esfuerzo. Nunca fue un apoyo, al contrario, siempre fue aquella pierna que te pone la zancadilla cada día.

Nuestra amiga tenía y sigue teniendo un gran temor, el temor de volverse como él. Prefería entregar su alma antes de llegar a ser como él. Ella le dio por fin la espalda, pero era tarde porque él se la dio primero hace más de tres décadas. Desde el principio fue ignorada pero ella supo convivir con ello. Ella miraba con admiración y lágrimas contenidas a otras personas que eran cómo él debería haber sido siempre. Ella siempre se ponía a llorar de alegría por otros pero también de tristeza por no poder contar nunca con una persona así. Él nunca decía “hola”. “Te quiero” no entraba dentro de su extenso vocabulario. Nunca decía palabras bonitas. Lo único que había recibido de él eran conversaciones mudas y sonidos de bisagras oxidadas decían “hola” y “hasta luego”.

Desde siempre, ella mira el único lado positivo de su presencia en su vida: gracias a él aprendió qué es la soledad y cómo convivir con ésta. Ella nunca paró su mundo por él porque él nunca paró el suyo por ella. Ella llegó a odiarle, pero luego se dio cuenta de que el hecho de odiar es dar demasiada importancia a una persona. Como propósito de año nuevo se propuso no odiarle sino que le diese igual. Ahora, gracias a su espíritu de superación, lo consiguió, y ahora su sueño está cada día más cerca. Ella nunca dejó que nadie le cortase las alas. Ella se cree capaz de alcanzar ese sueño, ella se quiere a sí misma y eso es lo único que importa.



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