Cometemos muchos errores, unos que se olvidan a los dos
minutos y otros que cambian nuestras vidas. Muchas veces nos equivocamos porque
no sabemos dónde están los límites. Existen diferentes visiones de la realidad:
la que pensamos que es buena para nosotros porque nos convence; la que
descartamos porque no nos gusta; y la objetiva que es aquella a la que nadie
hace caso y en el mundo real es la que casi siempre es la acertada. Ésta unas
veces gusta y otras no.
Muchas veces nos dejamos llevar por nuestros sentimientos
dejando sorda a la razón. Creamos nuestra propia realidad usando como cimiento
nuestro corazón sordo con unos pocos ladrillos que encontramos por el camino.
Tarde o temprano, esta utopía acaba desplomándose frente a ti siendo perfectamente
consciente de que se iba a caer tarde o temprano. La verdad duele y la realidad
es una mezcla de sensaciones: por una parte sientes tristeza e impotencia; y
por la otra alegría e ilusión. La razón siempre va a volver para ser escuchada;
y al final el tiempo, la razón y corazón va poniendo orden a nuestras vidas.
Pon tu corazón en todo lo que hagas pero nunca mires la realidad a través de un
espejo.
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