lunes, 2 de mayo de 2011

^^

Era una tarde de primavera, las rosas flores de los almendros pintaban las calles, las mimosas estaban más bonitas que nunca. Todo iba bien pero yo me encontraba mal, me dolía la pierna y empecé a cojear y a llorar. En un banco me senté porque no sabía qué camino escoger, necesitaba tomar aire antes de seguir hacia delante, no podía seguir el camino yo sola. 

Me dí cuenta que a lo largo del camino mis huellas se habían marcado en el suelo. Esas huellas eran una metáfora de todo lo que había ocurrido. Con lágrimas había dibujado sentimientos pero con risas fijé el camino.

Al fondo vislumbré una sombra, era familiar...pero no logré definir bien su cara. Esa sombra estaba sentada en un banco lejano, al frente. Pude verificar que se trataba de una mujer; esa mujer tenía una expresión dolorida, pero se levantó y se fue, con una expresión de dolor contenido y con lágrimas en los ojos. Ví como me miraba antes de irse; pero yo me quedé sentada en el banco, sola, pensando. 

Al rato me di cuenta que aquella mujer se había sentado a mi lado sin yo darme cuenta. Me vió con los ojos rojos y la cara llena de lágrimas y me cogió la mano. Me quedé extrañada porque en sus ojos vi que había empezado a llorar de nuevo, lloraba porque yo también había llorado; en el fondo le dolía verme llorar. Ella empapada en lágrimas dijo que con el tiempo las lágrimas se secaban y desaparecían...que el tiempo pone cada cosa en su lugar y que no llorara más...

Me escocían los ojos de tanto llorar, por esa razón no podía definir bien su cara. Pasaron unos minutos y ya podía ver. Ansiosa me giré para ver quién era esa mujer, pero...no estaba...se había ido sin darme cuenta; pero el caso era que sus palabras hicieron que la rodilla me dejara de doler.

Pero, ¿fue todo una ilusión o fue real?
Yo sabía que era real, estaba segura, segurísima...pero tenía una pregunta. ¿Por qué no me dejó agradecerle su ayuda?¿Por qué me ayudó y se fue?


Porque una madre nunca pide nada a cambio..*

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