lunes, 9 de junio de 2014

I'll try my best...*

Siempre guardé esa nota en mi bolsillo a modo de recordatorio. Toda mi vida he intentado crear retos que pueda afrontarlos para ser mejor persona, encontrar sentido a la felicidad y aprender cada día algo nuevo. He visto cómo la gente cumplía sueños a mi alrededor mientras yo aún dormida intentaba encontrar sentido a la felicidad. Algunos de mis sueños fueron rotos por desconfianza de otros. Yo fui la culpable porque  fui yo quien los rompió por no creer suficientemente en mí. Tomé el ejemplo equivocado.

Posteriormente, quise volar demasiado alto y me estampé contra el suelo rompiendo mis alas. Fue ahí cuando aprendí que las prisas no son buenas. Cuando quise levantarme no pude, fue ahí cuando vi que una mano se extendía para que yo la tomase. La tomé y me dio el impulso que necesitaba para levantarme de nuevo. Esa persona también había caído pero él sólo se había levantado, hecho digno de admirar.  Tenía heridas en sus rodillas y yo se las curé.

Fue en ese momento  cuando descubrí lo que era la amistad. Ayuda sin pedir nada a cambio, abrazos que sanan las heridas y sonrisas que marcan momentos. Me hizo sentir mucho mejor y me sacó una sonrisa. Él sentía lo mismo hacía mí por lo que decidimos caminar juntos, porque a veces hacer las cosas en equipo resultan más fáciles. Por el camino fui haciendo más amistades. Algunos fueron de hoja caduca, mientras que descubrí que otros eran de hoja perenne. Me ayudaron a quererme a mí misma porque ellos ven cosas en mí que yo no veo y me ayudaron a recordarme quién soy.

Es importante saber que aunque camines en grupo sigues caminando solo al mismo tiempo. La presencia de estas personas es parte de lo que eres hoy. Forman parte de tu sujeto diciendo tan sólo un “nosotros”.  Te acompañan en los mejores y peores complementos circunstanciales de lugar y tiempo.  Te ayudan a que tus sueños sean más grandes que tus miedos. Fui así cuando descubrí el sentido de la felicidad.


A veces soy un desastre y no puedo recordar siempre todo lo que quiero. Apunto las cosas importantes en notas y siempre las llevo en el bolsillo para que sólo las pueda leer yo. Saqué varias notas y desdoblé aquella que estaba más arrugada. Se notaba que esa nota la había abierto más de una vez, y tal vez siempre había estado en ese bolsillo: “Cree en mi. Reiré para celebrar mis éxitos y lloraré para enterrar mi angustia. No me subestimes. No pierdas la fe en mi porque nadie, y digo nadie, te puede hacer más feliz que yo”. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario